Desplome de la cabaña ovina

L a cabaña de ganado ovino se ha desplomado en España, lo mismo que el consumo de carne procedente de estos animales, mientras que los precios de los corderos se han situado en niveles históricos: estas son las tres características más importantes de este sector, que se ve muy acuciado, como otros ganaderos, por la falta de relevo generacional en las explotaciones y por las dificultades para encontrar mano de obra y personas que quieran ejercer de pastores.

Los datos no dejan lugar a dudas: a finales de 2025 había en España 2,3 millones de animales menos que doce meses antes, según los datos del Ministerio de Agricultura y se situaba en poco más de 11 millones. La caída se registró especialmente en el número de hembras para vida, que se redujo en 2 millones de animales, hasta situarse en 8,4 millones.

Si se analizan los datos con un poco más de perspectiva, la situación es mucho más grave: en 2021 había una cabaña de más de 15 millones de animales; en 2022 se redujo a 14,4; en 2023 pasó a 13,59; en 2024 se quedó en 13,47 y en 2025 llegó el gran desplome hasta los 11,093 millones de animales.

En el caso del ganado caprino se registra una situación similar, ya que el censo en 2021 era de 2,58 millones de animales; desde entonces no ha parado de bajar hasta situarse en 1,92 millones a finales de 2025.

Durante los dos últimos años las cotizaciones de los corderos han sido elevadas, alcanzando en algunos casos niveles históricos. ¿Cómo se explica que, con precios altos, se abandone este tipo de actividad y se reduzca de forma importante la cabaña? Pues confluyen una serie de factores que provocan una tormenta casi perfecta.

Si se habla con ganaderos que se dedican tanto al ovino como al caprino, se constata, por un lado, que estos sectores no son atractivos para los jóvenes, porque son muy «esclavos» y no hay relevo generacional en las explotaciones.

En segundo lugar, resulta muy difícil encontrar mano de obra y personas que quieran ejercer de pastores y vivir en el medio rural. La organización agraria COAG lo reflejaba de forma muy gráfica en un informe reciente: los precios de los corderos son aceptables, pero el sector es muy poco atractivo para los jóvenes (poco tiempo libre, falta de mano de obra cualificada y no hay relevo para los ganaderos que se jubilan).

En el caso del ganado caprino, además, los precios de los cabritos no acompañan, según sus datos. A todo lo anterior hay que añadir el impacto de algunas enfermedades animales, como la lengua azul, que ha provocado no solo la muerte de animales, sino muchos abortos y pérdida de peso de las hembras, lo que ha reducido de forma más que notable su capacidad reproductiva.

Finalmente, hay que analizar otro punto importante, como es la evolución del consumo interno y las exportaciones. El primero se ha desplomado en los últimos años hasta el punto de que los españoles comemos menos de un kilo de carne de ovino por persona y año. Y eso a pesar de las campañas de promoción que han puesto en marcha desde la interprofesional de este sector, que, vistos los resultados, han cosechado un fracaso tras otro.

La bajada en la demanda de este tipo de carne se debe fundamentalmente a los cambios en los hábitos de los consumidores y a que cada vez se cocina menos en las casas. «Ahora solo se toma carne de cordero en la restauración en forma de chuletillas o de asados; mientras que los guisos y calderetas han caído en picado», dice uno de los ganaderos consultados.

Mientras tanto, en lo que respecta a las exportaciones, destaca su buen comportamiento en los últimos años, sobre todo a los países árabes del sur del Mediterráneo, ya que el consumo de carne de ovino está muy vinculado a sus fiestas tradicionales. De hecho, una de ellas se denomina justamente «Fiesta del Cordero». Según otro de los ganaderos, «esto es justamente lo que nos ha salvado, el tirón de las exportaciones, porque si hubiese sido por el consumo interno estaríamos arruinados».

Dos últimos datos a tener en cuenta: uno, que en el resto de la Unión Europea también ha habido bajadas en las cabañas de ovino y caprino; y dos, la firma de acuerdos comerciales con Nueva Zelanda y Australia, que ha facilitado la entrada en el mercado comunitario de mercancía procedente de estos países y ha aumentado la competencia para los ganaderos de aquí.

 También cae la de ganado caprino. La falta de relevo generacional es uno de los principales problemas en estos sectores  

L a cabaña de ganado ovino se ha desplomado en España, lo mismo que el consumo de carne procedente de estos animales, mientras que los precios de los corderos se han situado en niveles históricos: estas son las tres características más importantes de este sector, que se ve muy acuciado, como otros ganaderos, por la falta de relevo generacional en las explotaciones y por las dificultades para encontrar mano de obra y personas que quieran ejercer de pastores.

Los datos no dejan lugar a dudas: a finales de 2025 había en España 2,3 millones de animales menos que doce meses antes, según los datos del Ministerio de Agricultura y se situaba en poco más de 11 millones. La caída se registró especialmente en el número de hembras para vida, que se redujo en 2 millones de animales, hasta situarse en 8,4 millones.

Si se analizan los datos con un poco más de perspectiva, la situación es mucho más grave: en 2021 había una cabaña de más de 15 millones de animales; en 2022 se redujo a 14,4; en 2023 pasó a 13,59; en 2024 se quedó en 13,47 y en 2025 llegó el gran desplome hasta los 11,093 millones de animales.

En el caso del ganado caprino se registra una situación similar, ya que el censo en 2021 era de 2,58 millones de animales; desde entonces no ha parado de bajar hasta situarse en 1,92 millones a finales de 2025.

Durante los dos últimos años las cotizaciones de los corderos han sido elevadas, alcanzando en algunos casos niveles históricos. ¿Cómo se explica que, con precios altos, se abandone este tipo de actividad y se reduzca de forma importante la cabaña? Pues confluyen una serie de factores que provocan una tormenta casi perfecta.

Si se habla con ganaderos que se dedican tanto al ovino como al caprino, se constata, por un lado, que estos sectores no son atractivos para los jóvenes, porque son muy «esclavos» y no hay relevo generacional en las explotaciones.

En segundo lugar, resulta muy difícil encontrar mano de obra y personas que quieran ejercer de pastores y vivir en el medio rural. La organización agraria COAG lo reflejaba de forma muy gráfica en un informe reciente: los precios de los corderos son aceptables, pero el sector es muy poco atractivo para los jóvenes (poco tiempo libre, falta de mano de obra cualificada y no hay relevo para los ganaderos que se jubilan).

En el caso del ganado caprino, además, los precios de los cabritos no acompañan, según sus datos. A todo lo anterior hay que añadir el impacto de algunas enfermedades animales, como la lengua azul, que ha provocado no solo la muerte de animales, sino muchos abortos y pérdida de peso de las hembras, lo que ha reducido de forma más que notable su capacidad reproductiva.

Finalmente, hay que analizar otro punto importante, como es la evolución del consumo interno y las exportaciones. El primero se ha desplomado en los últimos años hasta el punto de que los españoles comemos menos de un kilo de carne de ovino por persona y año. Y eso a pesar de las campañas de promoción que han puesto en marcha desde la interprofesional de este sector, que, vistos los resultados, han cosechado un fracaso tras otro.

La bajada en la demanda de este tipo de carne se debe fundamentalmente a los cambios en los hábitos de los consumidores y a que cada vez se cocina menos en las casas. «Ahora solo se toma carne de cordero en la restauración en forma de chuletillas o de asados; mientras que los guisos y calderetas han caído en picado», dice uno de los ganaderos consultados.

Mientras tanto, en lo que respecta a las exportaciones, destaca su buen comportamiento en los últimos años, sobre todo a los países árabes del sur del Mediterráneo, ya que el consumo de carne de ovino está muy vinculado a sus fiestas tradicionales. De hecho, una de ellas se denomina justamente «Fiesta del Cordero». Según otro de los ganaderos, «esto es justamente lo que nos ha salvado, el tirón de las exportaciones, porque si hubiese sido por el consumo interno estaríamos arruinados».

Dos últimos datos a tener en cuenta: uno, que en el resto de la Unión Europea también ha habido bajadas en las cabañas de ovino y caprino; y dos, la firma de acuerdos comerciales con Nueva Zelanda y Australia, que ha facilitado la entrada en el mercado comunitario de mercancía procedente de estos países y ha aumentado la competencia para los ganaderos de aquí.

 Noticias de Economía Nacional e Internacional en La Razón

Más Noticias