En la era moderna no ha habido una tormenta más monstruosa en España que la dana de Valencia de octubre de 2024, en la que llegaron a registrarse 769 litros por metro cuadrado en 18 horas, 11 tornados y granizo de gran tamaño, dejando atrás enormes destrozos materiales y más de 230 fallecidos. Desde los días siguientes, estudios de atribución rápida preliminares apuntaron que la catástrofe había sido intensificada por el cambio climático. Más de un año después, la revista Nature Communications publica este martes el trabajo científico más completo realizado hasta la fecha sobre la vinculación del calentamiento con aquellas lluvias catastróficas, un análisis muy novedoso porque reproduce qué sucedió, paso a paso, metiéndose dentro de la tormenta, hasta los complejos procesos microfísicos de las nubes.
El estudio más completo sobre la vinculación del desastre de 2024 con el calentamiento muestra la urgente necesidad de prepararse para lluvias torrenciales nunca vistas en el Mediterráneo
En la era moderna no ha habido una tormenta más monstruosa en España que la dana de Valencia de octubre de 2024, en la que llegaron a registrarse 769 litros por metro cuadrado en 18 horas, 11 tornados y granizo de gran tamaño, dejando atrás enormes destrozos materiales y más de 230 fallecidos. Desde los días siguientes, estudios de atribución rápida preliminares apuntaron que la catástrofe había sido intensificada por el cambio climático. Más de un año después, la revista Nature Communications publica este martes el trabajo científico más completo realizado hasta la fecha sobre la vinculación del calentamiento con aquellas lluvias catastróficas, un análisis muy novedoso porque reproduce qué sucedió, paso a paso, metiéndose dentro de la tormenta, hasta los complejos procesos microfísicos de las nubes.
La investigación, liderada por la Universidad de Valladolid y la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), confirma que el cambio climático contribuyó a crear aquel monstruo de agua. Entre otros parámetros, incide en que intensificó un 21% la tasa de precipitación en un periodo de seis horas, amplificó un 55% el área afectada por precipitaciones superiores a 180 litros por metro cuadrado y aumentó un 19% el volumen total de lluvia en la cuenca del río Júcar en comparación con la era preindustrial. Además, el trabajo desgrana cómo el calentamiento influyó en la física de la tormenta y adelanta un futuro preocupante. “Hay que prepararse para eventos futuros nunca antes vistos en el Mediterráneo”, advierte Carlos Calvo-Sancho, autor principal del estudio, antes investigador en el Departamento de Matemática Aplicada de la Universidad de Valladolid y ahora en el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (del CSIC).
Los estudios de atribución rápida realizados a los pocos días del desastre por World Weather Attribution (WWA) y ClimaMeter, que concluyeron que lo sucedido fue dos veces más probable y un 13% más intenso por el cambio climático, solo pueden ser considerados una primera aproximación. Aquellos trabajos preliminares, fundamentalmente estadísticos, compararon algunos parámetros esenciales de la dana con los de otros eventos extremos del pasado, pero con importantes limitaciones por depender de los datos incompletos de satélite (que empiezan en la década de 1970). Esta nueva investigación publicada en Nature Communications es mucho más compleja porque reproduce en ordenadores la tormenta monstruosa de 2024 y luego analiza qué ocurre cuando se introducen las variables meteorológicas de aquel día en otras simulaciones informáticas para un periodo preindustrial (1850-1879), antes de que aumentasen las temperaturas medias de la Tierra por el cambio climático.
“Utilizamos un modelo de alta resolución, que nos permite llegar a una escala de kilómetros, para ver qué pasa en el interior de la tormenta y los procesos que ocurren en ella”, detalla Juan Jesús González Alemán, meteorólogo de la Aemet y otro de los autores que ha liderado la investigación. “Para analizar qué ocurre en un periodo preindustrial, no sabemos los datos reales exactos de aquella época, pero sí podemos usar como estimación los modelos regionales del IPCC [el mayor panel de expertos en cambio climático] y, para que sea más robusto, no solo probamos una única simulación, sino que comprobamos qué pasa en 15 modelos diferentes”, recalca el meteorólogo.
De esta forma, los investigadores pueden estimar qué hubiera ocurrido en el interior de la tormenta si esta misma dana hubiera tenido lugar en el siglo XIX, con un Mediterráneo menos caliente y con menos humedad. Y así llegan a determinar cómo el cambio climático intensificó cada paso del proceso en octubre de 2024. Como explica Calvo-Sancho, el estudio se basa en la metodología Pseudo Calentamiento Global (PGW, por sus siglas en inglés) y ha requerido de mucha computación por los modelos de alta resolución utilizados. “Para calcular cómo van cambiando las condiciones meteorológicas, por cada paso de tiempo, de unos 10 segundos, hay que calcular mil por mil puntos en 65 niveles verticales, 65 millones de puntos”, comenta este geógrafo y doctor en física. “Una sola simulación como las que empleamos tarda en el supercomputador en torno a unas 15 o 16 horas”, especifica.
Una de las mayores sorpresas de la investigación ha sido encontrar dentro de la tormenta dinámicas no lineales que superan lo previsto. Como detalla Calvo-Sancho, la relación de Clausius-Clapeyron prevé que, por cada grado de más de calentamiento, haya un 7% más de disponibilidad de vapor de agua en la atmósfera y, por lo general, se espera que este porcentaje sea similar en la intensificación de la precipitación. Sin embargo, el alto contenido de humedad propicia una mayor liberación de calor latente y corrientes verticales más fuertes, que favorecen una mayor actividad de la microfísica de nubes, provocando un comportamiento imprevisto, super-Clausius Clapeyron, en las lluvias (de más del 20%). Por todo ello, en un mundo que sigue calentándose rápidamente, el estudio destaca la urgente necesidad de estrategias de adaptación y una mejor planificación urbana para reducir “los crecientes riesgos extremos hidrometeorológicos”.

Como comenta a Science Media Centre (SMC) España, Pilar Brufau, investigadora y profesora titular en el departamento de Ciencia y Tecnología de Materiales y Fluidos de la Universidad de Zaragoza, “el trabajo refuerza la idea de que el cambio climático antropogénico no solo incrementa la cantidad de lluvia, sino que amplifica los mecanismos físicos que hacen más intensos y extensos los episodios convectivos extremos”. “Si los eventos subdiarios pueden intensificarse en torno a un 20% por grado de calentamiento, las curvas de diseño IDF [Intensidad-Duración-Frecuencia] y los mapas de riesgo basados en datos históricos están infraestimando el peligro real y deberían actualizarse”, señala.
Este estudio se limita a analizar el fenómeno meteorológico, sin tener en cuenta otros factores que agravaron el desastre una vez llegó el agua al suelo. No obstante, nunca se había registrado tanta lluvia en 20 minutos o una hora en España como la medida en la estación de Turís (Valencia) el 29 de octubre de 2024. Tampoco en dos horas, tres, cuatro…, así hasta 18 horas, tiempo en el que se contabilizaron 769 litros por metro cuadrado.
El aumento de los eventos extremos es uno de los efectos más claros del incremento de las temperaturas en el planeta, y la dana de 2024 constituye una de las mayores advertencias de lo que supone un mundo más caliente para España. Paradójicamente, en el año y medio transcurrido desde la tragedia, no han dejado de crecer las fuerzas contrarias a la lucha climática y son muchos los retrocesos, no solo en EE UU, también en la UE.

Por otro lado, tampoco se puede achacar todo al cambio climático sin estudios de atribución que lo validen. Desde el comienzo de 2026, España lleva encadenados diez temporales de alto impacto, lo que se ha traducido en un fuerte aumento de las reservas de agua y la recuperación de ecosistemas naturales, pero también en importantes destrozos en algunas zonas del país, un fenómeno que también está siendo relacionado con el calentamiento por la mayor disponibilidad de vapor de agua. Sin embargo, González Alemán se muestra cauto sobre esta vinculación. “Esta es una hipótesis, plausible, pero solo una hipótesis”. Como destaca el meteorólogo, “los mecanismos que provocan esta sucesión de borrascas son más complejos, porque aquí entra en juego la circulación atmosférica global, a gran escala”. Del mismo modo, tampoco considera que esta abundancia de lluvias en un momento determinado ponga en cuestión las previsiones de sequías más extremas por el calentamiento del planeta. “Hace falta una investigación más profunda”, insiste.
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