Complicado era el sueño, imposible fue hacerlo realidad. El PSG estará en semifinales de la Champions por quinta vez en las últimas siete temporadas. El Liverpool cerrará otra temporada en blanco, por segundo año consecutivo. Salah se despide de su afición de la peor manera posible. Suplente en el Parque de los Principies, revulsivo invisible en Anfield. El mítico estadio de los reds volvió a ser asaltado y derrumbado por Luis Enrique, después de obtener la clasificación para cuartos en la tanda de penaltis la temporada pasada. Esta vez no hizo falta comprar billete de lotería, pues los parisinos ostentaban el holgado botín de la ida. Una ventaja de 2-0 que no se movió en el global hasta el minuto 72, cuando el Liverpool más cerca estaba de recortar el marcador y Dembélé desenfundó un zapatazo para hundir las esperanzas del Liverpool (0-2). Complicado era el sueño, imposible fue hacerlo realidad. El PSG estará en semifinales de la Champions por quinta vez en las últimas siete temporadas. El Liverpool cerrará otra temporada en blanco, por segundo año consecutivo. Salah se despide de su afición de la peor manera posible. Suplente en el Parque de los Principies, revulsivo invisible en Anfield. El mítico estadio de los reds volvió a ser asaltado y derrumbado por Luis Enrique, después de obtener la clasificación para cuartos en la tanda de penaltis la temporada pasada. Esta vez no hizo falta comprar billete de lotería, pues los parisinos ostentaban el holgado botín de la ida. Una ventaja de 2-0 que no se movió en el global hasta el minuto 72, cuando el Liverpool más cerca estaba de recortar el marcador y Dembélé desenfundó un zapatazo para hundir las esperanzas del Liverpool (0-2).
Complicado era el sueño, imposible fue hacerlo realidad. El PSG estará en semifinales de la Champions por quinta vez en las últimas siete temporadas. El Liverpool cerrará otra temporada en blanco, por segundo año consecutivo. Salah se despide de su afición de la peor manera posible. Suplente en el Parque de los Principies, revulsivo invisible en Anfield. El mítico estadio de los reds volvió a ser asaltado y derrumbado por Luis Enrique, después de obtener la clasificación para cuartos en la tanda de penaltis la temporada pasada. Esta vez no hizo falta comprar billete de lotería, pues los parisinos ostentaban el holgado botín de la ida. Una ventaja de 2-0 que no se movió en el global hasta el minuto 72, cuando el Liverpool más cerca estaba de recortar el marcador y Dembélé desenfundó un zapatazo para hundir las esperanzas del Liverpool (0-2).
Avisó Szoboszlai de que «en Anfield puede pasar cualquier cosa», pero lo único que ocurrió fue previsible, y se repitió el marcador de la ida. El centrocampista húngaro, máximo goleador y asistente del Liverpool en la Champions esta temporada, le prometió a su afición que estaba «preparado para morir en el campo», y así fue. Aniquilado fue el cuadro inglés, desarmado en una confusa batalla campal cuando el rival tenía ganado el duelo táctico desde el principio.
Los hombres de Arne Slot lucharon hasta quedar sin aliento, pero el PSG siempre iba a tener la última palabra. El técnico holandés insinuó que cambiaría el sistema para la vuelta después de la debacle en la capital francesa, que se saldó con una desventaja de dos goles pero pudo ser del doble, y fue fiel a su palabra. Ni defensa de cinco ni carrileros para un Liverpool que salió con Isak de titular por primera vez desde diciembre. Cumplió la afición, que encontró la «marcha más» que les pidió el sucesor de Klopp, pero no fue suficiente para revitalizar a un equipo que sigue alejándose de lo que una vez fue bajo el mando del genio alemán.
La hiperactividad de Ekitike, obstinado en compensar el aislamiento que le condenó en París, terminó siendo contraproducente, pues forzó en sus gestos entre líneas hasta que su cuerpo le traicionó y terminó lesionado para dar entrada a Salah. El egipcio inspiró a su equipo nada más entrar en contacto con el balón, colocando un centro que terminó despejando Marquinhos tras una intervención formidable de Matvei Safonov sobre la hora de encuentro. Duró poco el uno contra uno del extremo con Nuno Mendes, quien no aguantó el ritmo del partido y se marchó por su propio pie para dar entrada a Lucas Hernández, a diferencia de Ekitike que necesitó camilla. Sintoma claro de que la noche empezaba a torcerse para el Liverpool.
Venía el PSG de endosarle ocho tantos al Chelsea, pero solamente fueron cuatro en 180 minutos los que se terminó comiendo una defensa desorientada y abandonada por un centro del campo en constante inferioridad numérica. Los de Lucho contaban con una semana entera de descanso tras el aplazamiento del partido liguero contra el Lens, y se notó. Once idéntico al de la ida y con el mismo hambre de siempre, pero con la poca puntería que también les caracterizó en París en la primera parte, Tras la reanudación, los ilusionistas del PSG afinaron la puntería y no hubo indulto que salvara al Liverpool.

Frimpong e Isak fueron los sacrificados al descanso en busca de otro guión, pero ni Gakpo ni Gomez estuvieron a la altura del rol de protagonista. Y eso que el neerlandés lo intentó, a su manera, con más sombras que luces, en la casa del terror. Porque si Anfield solía ser una mansión de brujerías donde sus magos provocaban eventos paranormales, ahora solo quedan los fantasmas del pasado. Hechizado pareció el césped, que forzó hasta cuatro lesionados. El penútlimo fue Doué, cuyo cambio por Barcola terminó de inclinar el terreno de juego hacia la portería visitante, sin recompensa.
Con el partido roto, aparecieron Dembélé y Kvaratskhelia al espacio, pecando de claridad y precisión para ponerle el broche a la eliminatoria. Pudo castigar el Liverpool cuando el árbitro señaló penalti sobre Mac Allister, pero con la ayuda del VAR corrigió el error de apreciación que había cometido en vivo. A todo esto volvió a padecer otra víctima de la resbaladiza hierba, devolviendo a Gomez donde empezó el encuentro tras apenas veinte minutos.
Con ello gastó su última bala Slot, recompensando a Rio Ngumoha después de su gol el fin de semana. El canterano de 17 años solo pudo calentar las manos de Safonov con un disparo lejano antes que Dembélé batiera a Mamardashvili desde la frontal para cavar el hoyo del Liverpool. El Balón de Oro terminó de enterrar a los reds en el añadido, colocando el 0-4 global definitivo de la eliminatoria.
Diario de Mallorca – Deportes
