¿Cuántas Lindsay Clancy existen?

La adicción social al true crime nos está llevando a seguir el caso como si se tratara de una telenovela que nos va llegando por capítulos: ya van más de 20 días de juicio para esclarecer si Lindsay Clancy cometió materialmente el homicidio contra sus tres hijos. Y si era responsable del mismo, es decir, si podía decidirlo y controlarlo.

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 Me preocupa que solo interese la responsabilidad penal concreta y no se vea que existe una situación estructural de abandono a las familias y de la salud mental como una cosa individual  

La adicción social al true crime nos está llevando a seguir el caso como si se tratara de una telenovela que nos va llegando por capítulos: ya van más de 20 días de juicio para esclarecer si Lindsay Clancy cometió materialmente el homicidio contra sus tres hijos. Y si era responsable del mismo, es decir, si podía decidirlo y controlarlo.

Ahora que vemos el resultado terrible y absolutamente condenable, hay una gran tentación de caer en el sesgo retrospectivo de decir: era evidente que eso pasaría. En cambio, ni su marido y padre de los niños, ni su madre, ni su suegra pensaron que sus peticiones de ayuda tenían la gravedad que mostraron. Es verdad que hicieron gestiones con profesionales para que Lindsay recibiera ayuda, pero no la separaron de los niños. Todo el mundo pensó que podría aguantar un poco más. Tampoco ninguno de los siete facultativos se informó del historial médico al completo, de los tratamientos e intervenciones prescritas por los otros, ni coordinaron entre ellos, llegando a 30 prescripciones de 13 psicofármacos en cuatro meses. Para quien no esté familiarizado con la psiquiatría: puede llegar a ser una bomba atómica química para un cerebro humano.

Lindsay era enfermera obstétrica y madre de tres hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses. Lindsay se encontraba casada con Patrick, padre de los niños y quien vivió a su lado el declive de su salud mental, junto a otros familiares que prestaban apoyo a la madre. Y sí, digo a la madre, porque todos entendieron que la responsabilidad de cuidado de los tres niños le pertenecía. En algún momento, el padre, que tenía una situación económica acomodada, decidió no reincorporar a una trabajadora del servicio de acompañamiento a los niños que tenían en casa, de forma privada, cuando la suya dejó el trabajo.

Una vez la familia se encontraba sin nanny, la situación de Lindsay se agravó. También psiquiátricamente, se aumentó la medicación, la trataron más profesionales, incluso ella misma pidió un ingreso psiquiátrico voluntario. Pidió ayuda a profesionales y psiquiatras, pero no fue creída. Nadie tomó en serio esas peticiones.

A pesar de que no hay sentencia todavía, en la hipotética situación de salir culpable de la autoría de los terribles asesinatos de los tres niños inocentes, hay un camino que tiene que seguir más allá de Lindsay.

Si nos detenemos en la cuestión individual de psiquiatría de Lindsay y pensamos que esa mujer es el demonio y como sociedad decidimos que la solución para volver a la civilización y alejarnos del mal es la más alta de las condenas, nos olvidaremos de los niños.

No de Cora, Dawson y Callan; nos olvidaremos de todos los niños que ahora mismo pueden estar en riesgo y que no están siendo protegidos ni por las familias, ni por las instituciones del Estado.

Me preocupa que se dispute todo a la carta de responsabilidad penal concreta y no se pueda ver que existe una situación estructural de abandono a las familias y a la vivencia de la salud mental como una cosa individual. Si se nos representa como imposible que haya otra mujer a la que se le receten hasta 13 medicamentos, sí, 13, entonces, la situación se puede expiar con el caso concreto. Pero si somos capaces de ver que igual hay políticas públicas que pueden apoyar a las familias para mejorar su salud mental ―no estoy hablando de magia, estoy hablando de matronas, de doulas, de grupos de crianza, de redes sociales que hacen que no estés sola, de horas libres de canguro público, cuidado gratuito infantil, reparto equitativo de cargas familiares…―. Hablo de políticas públicas que ya existen.

Si alguien, una sola persona, hubiese tomado en serio la petición de ayuda, incluso siendo Lindsay la persona más malvada del planeta, los niños podrían estar vivos. Nadie, profesional o familiar, antepuso los derechos de los niños a su comodidad. Todos pensaron que era otro el que tenía que hacer algo.

Y, entre todos, desprotegieron a tres niños inocentes. Ese es el verdadero juicio social al cual nos enfrentamos. A la terrible pregunta de si hay más niños que pueden estar en riesgo y si el Estado no tiene recursos para cuidar a sus principales cuidadores, si no tiene recursos para salvar a los niños, tenemos un problema mucho más grave.

Ahora que ya no somos espectadores, sino que somos cada uno de nosotros miembros del jurado, preguntémonos si el Estado de Massachusetts también debe responder. Si es culpable de no tener una sanidad que pueda detectar, tratar y reparar este tipo de situaciones. Les pregunto a los miembros del jurado si la única culpable es Lindsay Clancy. Les pregunto a los miembros del jurado si los niños no merecen una mayor protección, no una judicial o policial; una social, que les permita vivir cuidados, tranquilos y amados.

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