El pasado domingo 5 de julio se cumplieron cinco años desde que nos dejó la inimitable Raffaella Carrà y, aunque hallan pasado algunos días, cualquier momento es idóneo para recordar a la diva italiana que rompió moldes en nuestro país y transformó la televisión con su energía, sus coreografías imposibles, su carisma y su inconfundible golpe de melena rubia.
Aunque su primera aparición en las pantallas españolas se produjo en 1975 en el espacio ‘¡Señoras y señores!’, el verdadero idilio masivo comenzó un año después. TVE le confió una serie de cuatro especiales titulados ‘La hora de Raffaella Carrà’.
En una España que despertaba tímidamente a la modernidad, Raffaella irrumpió con una vitalidad desbordante, vestuarios atrevidos y canciones que ponían a bailar a cualquiera. El impacto de estos programas fue tal que la convirtió de inmediato en un mito erótico y musical para toda una generación de españoles.
A principios de los noventa, tras años cosechando audiencias estratosféricas en Italia, regresó por la puerta grande a la televisión pública española con el que sería su programa más emblemático en nuestro país: ‘¡Hola Raffaella!’.
Emitido en directo en el prime time de La 1, este magacín combinaba música, humor, entrevistas a celebridades internacionales y concursos telefónicos. ¿Quién no recuerda el mítico juego «Si fuera», donde los invitados debían adivinar un personaje oculto, o el famoso «¡Hola Raffaella!» que los espectadores debían responder al descolgar el teléfono para ganar dinero? El espacio se mantuvo tres temporadas en antena y le valió a la italiana el premio TP de Oro a la Mejor Presentadora en 1993.
Debido al arrollador éxito del formato nocturno, TVE decidió exprimir al máximo el magnetismo de la italiana encargándole un espacio diario para las tardes. ‘A las ocho con Raffaella’ se emitía de lunes a viernes justo antes del Telediario.
Era un formato más enfocado al entretenimiento familiar de sobremesa, que incluía actuaciones, entrevistas cortas y dinámicas de humor en las que Carrà demostraba una capacidad de improvisación y una complicidad con el espectador difíciles de replicar. Con este doblete en la parrilla, Raffaella se coronó como la reina indiscutible de la televisión española de la época.
Tras su idilio con la cadena pública, las televisiones privadas, en plena expansión y batalla por la audiencia, llamaron a su puerta. Fue Telecinco la que consiguió ficharla para la temporada de 1995 con ‘En casa con Raffaella’.
El programa trasladaba la esencia de los magacines de la italiana a la televisión comercial de la época, explotando su perfil más cercano y hogareño. Aunque su recorrido fue más breve que sus etapas anteriores en TVE, sirvió para demostrar que el fenómeno Carrà no dependía de una sintonía o un canal en particular, sino de su arrolladora personalidad capaz de traspasar cualquier pantalla y de perdurar en el tiempo.
La presentadora y cantante italiana dejó una huella imborrable en la historia de nuestra televisión
El pasado domingo 5 de julio se cumplieron cinco años desde que nos dejó la inimitable Raffaella Carrà y, aunque hallan pasado algunos días, cualquier momento es idóneo para recordar a la diva italiana que rompió moldes en nuestro país y transformó la televisión con su energía, sus coreografías imposibles, su carisma y su inconfundible golpe de melena rubia.
Aunque su primera aparición en las pantallas españolas se produjo en 1975 en el espacio ‘¡Señoras y señores!’, el verdadero idilio masivo comenzó un año después. TVE le confió una serie de cuatro especiales titulados ‘La hora de Raffaella Carrà’.
En una España que despertaba tímidamente a la modernidad, Raffaella irrumpió con una vitalidad desbordante, vestuarios atrevidos y canciones que ponían a bailar a cualquiera. El impacto de estos programas fue tal que la convirtió de inmediato en un mito erótico y musical para toda una generación de españoles.
A principios de los noventa, tras años cosechando audiencias estratosféricas en Italia, regresó por la puerta grande a la televisión pública española con el que sería su programa más emblemático en nuestro país: ‘¡Hola Raffaella!’.
Emitido en directo en el prime time de La 1, este magacín combinaba música, humor, entrevistas a celebridades internacionales y concursos telefónicos. ¿Quién no recuerda el mítico juego «Si fuera», donde los invitados debían adivinar un personaje oculto, o el famoso «¡Hola Raffaella!» que los espectadores debían responder al descolgar el teléfono para ganar dinero? El espacio se mantuvo tres temporadas en antena y le valió a la italiana el premio TP de Oro a la Mejor Presentadora en 1993.
Debido al arrollador éxito del formato nocturno, TVE decidió exprimir al máximo el magnetismo de la italiana encargándole un espacio diario para las tardes. ‘A las ocho con Raffaella’ se emitía de lunes a viernes justo antes del Telediario.
Era un formato más enfocado al entretenimiento familiar de sobremesa, que incluía actuaciones, entrevistas cortas y dinámicas de humor en las que Carrà demostraba una capacidad de improvisación y una complicidad con el espectador difíciles de replicar. Con este doblete en la parrilla, Raffaella se coronó como la reina indiscutible de la televisión española de la época.
Tras su idilio con la cadena pública, las televisiones privadas, en plena expansión y batalla por la audiencia, llamaron a su puerta. Fue Telecinco la que consiguió ficharla para la temporada de 1995 con ‘En casa con Raffaella’.
El programa trasladaba la esencia de los magacines de la italiana a la televisión comercial de la época, explotando su perfil más cercano y hogareño. Aunque su recorrido fue más breve que sus etapas anteriores en TVE, sirvió para demostrar que el fenómeno Carrà no dependía de una sintonía o un canal en particular, sino de su arrolladora personalidad capaz de traspasar cualquier pantalla y de perdurar en el tiempo.
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