Cientos de miles de ciudadanos se suman al movimiento ‘No Kings’ para protestar contra los excesos de Trump

Cientos de miles de personas se han echado este sábado a las calles de las principales ciudades de Estados Unidos para protestar contra los excesos autoritarios del presidente Donald Trump. Impulsadas por el movimiento No Kings (Sin Reyes), que alude a que el país no es una monarquía y no tiene reyes desde que se independizó del Reino Unido hace 250 años, alrededor de 3.300 marchas han visibilizado el creciente movimiento de descontento con las políticas de la Administración Trump.

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 Más de 3.000 manifestaciones han recorrido las calles de las principales ciudades del país para expresar su rechazo contra el retroceso democrático  

Cientos de miles de personas se han echado este sábado a las calles de las principales ciudades de Estados Unidos para protestar contra los excesos autoritarios del presidente Donald Trump. Impulsadas por el movimiento No Kings (Sin Reyes), que alude a que el país no es una monarquía y no tiene reyes desde que se independizó del Reino Unido hace 250 años, alrededor de 3.300 marchas han visibilizado el creciente movimiento de descontento con las políticas de la Administración Trump.

Se trata de la tercera gran marcha multitudinaria de este movimiento de resistencia política, que se estrenó con la macroprotesta en julio de 2025 y le siguió la gran marcha del pasado octubre, cuando más de cinco millones de personas se manifestaron de forma pacífica por todo el país contra las políticas divisivas de Trump en una de las mayores movilizaciones políticas de la historia del país. La edición de este sábado, convocada por organizaciones progresistas, civiles y sindicales, busca superar el récord y sumar aún a más ciudadanos a la ola de resistencia.

El carácter festivo de la protesta, con cánticos y músicas alegres, disfraces parodiando a Trump y multitud de carteles con lemas ingeniosos contra las políticas exclusivas ponen la nota de color a las marchas.

No Kings no es solo un fenómeno de las grandes ciudades; dos tercios de los inscritos provienen de fuera de los principales centros urbanos», señalan los organizadores, que explican que en muchos estados republicanos y en el entorno rural, siempre más cerrado, están empezando a alzarse las voces contra la situación política.

Trump busca imponer su agenda política sin control alguno, olvidando o eludiendo la separación de poderes. El Congreso está dividido y apenas es capaz de aprobar nuevas leyes, así que abusa de las órdenes presidenciales. El presidente se presentó a las elecciones criticando a sus antecesores por arrastrar al país a guerras extranjeras. Prometió que él no lo haría, pero lleva dos operaciones militares en suelo extranjero en los tres meses transcurridos de 2026: Venezuela e Irán.

Una presidencia sin control

El republicano dijo ayer desde Miami que los bombardeos sobre Teherán no son por una guerra. “Lo llamamos operación militar. No es una guerra”. Explicó que elige esa denominación para eludir el control del Congreso.

Trump es una figura polarizadora y el Capitolio está profundamente dividido e incluso están empezando a abrirse serias diferencias entre los republicanos. Los tribunales, de momento, son el último bastión capaz de pararle los pies. Aunque la Casa Blanca ha iniciado también una campaña para minar la credibilidad de la justicia.

“Trump no solo está gobernando como un autoritario, sino que está avanzando en un sistema donde la guerra, el poder corporativo y la corrupción política están profundamente entrelazados”, asegura Joseph Geevarghese, Director Ejecutivo de Our Revolution, la principal organizadora de las marchas No Kings. “En un momento en que las familias están luchando para pagar las necesidades básicas, esta administración está eligiendo invertir en la guerra y recompensar a los donantes multimillonarios. Los estadounidenses de todo el espectro político están rechazando eso. No quieren más guerra. Quieren un gobierno que entregue a los trabajadores”, apostilla.

El ICE y la represión migratoria

Quizá el paradigma de los excesos sea su represiva política migratoria. Ha convertido al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE en sus siglas en inglés) y a la Patrulla Fronteriza (USCBP) en arietes contra lo que llama invasión de migrantes. Ha multiplicado los recursos de estas policías y mientras despedía a cientos de miles de funcionarios de otras áreas de la administración, ha acelerado la contratación de agentes migratorios.

Las tácticas policiales del ICE y la Patrulla Fronteriza, con redadas indiscriminadas, deportaciones masivas, allanamientos de viviendas sin orden judicial, detención de menores, han desatado una ola de indignación por todo el país. Las autoridades locales, organizaciones civiles y asociaciones ciudadanas critican la brutalidad de sus actuaciones. La Casa Blanca los empleó como herramienta política y los desplegó en ciudades y estados demócratas como Los Ángeles, Chicago, Portland y Boston entre otros, donde crearon caos y confusión.

El presidente ordenó a finales del año pasado desplegar a 3.000 efectivos de la policía migratoria en Minnesota como respuesta a un vídeo de YouTube de un influencer conservador que denunciaba sin pruebas un fraude masivo del sistema de ayudas públicas a la comunidad somalí del Estado. La represión policial en Minneapolis conmocionó al país tras el asesinato por parte de estos agentes migratorios de dos ciudadanos estadounidenses mientras se manifestaban pacíficamente en sendas protestas contra las políticas migratorias de Trump.

Insulta de forma feroz a sus rivales políticos, a los que llama lunáticos, terroristas o los compara con sus enemigos iraníes. También menosprecia a los periodistas y medios de comunicación que le hacen preguntas incómodas o no reflejan el punto de vista que él quiere. Para entender su estilo despiadado, solo hay que recordar lo que dijo la semana pasada tras el fallecimiento del exdirector del FBI, Robert Mueller. “¡Bien, me alegro de que esté muerto! ¡Ya no puede hacer daño a gente inocente!”.

Crisis de la asequibilidad

La arbitraria política arancelaria también ha hecho mella en millones de familias, con precios más caros y bolsillos más vacíos. El Tribunal Supremo tumbó buena parte de los aranceles indiscriminados que aprobó contra todo el mundo. El republicano no dudó en llamar “imbéciles” y “perros falderos de los republicanos moderados y de la izquierda radical” a los magistrados que votaron contra sus intereses.

El político que se hizo famoso como promotor inmobiliario en la jungla de Nueva York ha intentado colonizar la Reserva Federal para decidir él sobre los tipos de interés, una aberración en la política monetaria. Ha intentado despedir al presidente del banco central, Jerome Powell, al que le ha abierto una investigación criminal y ha denunciado a otra de las banqueras del organismo.

Mientras tanto, los precios no dan tregua. La guerra de Irán ha desatado una espiral de precios, que amenaza con mutar en crisis inflacionaria. El precio de la gasolina acaricia los cuatro dólares por galón, lo que supone un aumento del 33% desde que empezó la guerra. El diésel está por encima de los cinco dólares, un 43% más. La escalada de precios empieza a apretar los bolsillos de los hogares y las cuentas de las empresas.

La situación amenaza con agravar la crisis de la asequibilidad que está perjudicando a Trump en las encuestas. Los niveles de aprobación del republicano están bajo mínimos por la gestión económica, la guerra de Irán y su política divisiva. Los republicanos han perdido todas las elecciones celebradas desde el verano pasado, incluyendo la alcaldía de Nueva York, Virginia, Nueva Jersey e incluso uno de los puestos para la Cámara de Representantes de Florida, considerada el bastión de Trump.

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