Caitriona Balfe (Dublín, 1979) desprende una serenidad que solo otorga el haber sobrevivido a un fenómeno de masas sin perder la brújula. Durante diez años, su Claire Fraser ha sido enfermera, guerrera, madre y amante en un viaje a través del tiempo que ahora llega a su fin en Movistar Plus+. Pero Balfe no se ha limitado a actuar; ha producido, ha dirigido y, sobre todo, ha reflexionado sobre la responsabilidad de los creadores en temas tan espinosos como la violencia sexual o la representación del placer. En esta conversación para LA RAZÓN, la actriz hace balance de una etapa que le ha dado una carrera, una familia y la sabiduría necesaria para mirar al futuro con la curiosidad de quien sabe que lo mejor está siempre por rodar.
¿Qué siente al ver que el viaje de Claire Fraser llega finalmente a su destino?
Es una mezcla de emociones muy intensa. Todos en el equipo éramos conscientes de que en esta última temporada había mucho en juego; las emociones estaban a flor de piel en cada secuencia. Después de diez años, Claire ha ocupado un espacio enorme en mi vida y el equipo se ha convertido en mi familia. Ninguno de nosotros pensó que esto duraría tanto ni que significaría tanto para tanta gente. Al terminar, necesité retirarme y descansar para procesarlo todo de una forma saludable. He aprendido muchísimo de ella; Claire es apasionada y valiente, pero también frágil. Ha sido la mejor profesora que he tenido nunca.
Uno de los temas que más han impactado de https://www.youtube.com/embed/nX20lUNjp-Y|||images/play_youtube.jpg
Se ha posicionado muy firmemente al lado de Sam Heughan frente al acoso en redes, ¿cómo han gestionado esa presión?
Sam y yo nos prometimos desde el primer día que nos cubriríamos las espaldas mutuamente. Sabíamos que íbamos a estar en el centro de este fenómeno y que necesitábamos ese apoyo. He aprendido que la vida es muy corta para tolerar el odio o la negatividad de internet, que a veces puede convertirse en un pozo tóxico. Mi vida no está en internet. Lo que me importa es el cariño que recibimos de los fans que nos han acompañado en este viaje tan largo y que son parte de esta familia que hemos formado.
Si pudiera viajar al pasado y hablar con la Caitriona de 2013, ¿qué le diría?
Le diría que disfrutara más del caos. Outlander siempre ha sido un poco caótica y a veces te preocupas demasiado por los errores, cuando en realidad son parte del proceso. También le diría que durmiera un poco más y que se tomara más vacaciones cuando pudiera (ríe). Me diría que los fantasmas personales se superan y que la confianza en una misma llega con el tiempo. Empecé mi carrera de actriz a los 30 años y me preocupaba que mi pasado como modelo jugara en mi contra, pero la experiencia y la sabiduría son mucho más valiosas que la estética.
¿Qué se traería del siglo XVIII a nuestra hiperconectada actualidad?
Sin duda, la capacidad de desconexión y la presencia física. Admiro la forma en que los personajes se comunican en la serie, sin las distracciones tecnológicas que tenemos hoy. Vivimos en un mundo donde es difícil desconectar y a veces envidio esa simplicidad. Además, interpretar a una mujer que envejece en pantalla a lo largo de treinta años me ha ayudado mucho a reconciliarme con el paso del tiempo en mi propia vida. Me ha enseñado a valorar la belleza de hacerse mayor y la experiencia sobre la estética moderna.
¿Le preocupa que el peso de un personaje tan icónico la encasille en el futuro?
No es algo que me quite el sueño. Me siento en una posición muy privilegiada por haber tenido un trabajo increíble durante una década y, al mismo tiempo, poder participar en proyectos tan distintos como «Belfast» o las películas que tengo pendientes de estreno. Si me llega un proyecto que es otra versión de Claire, tengo la libertad de decir que no. Mi carrera se ha moldeado en esta serie, donde he tenido que hacer de todo: acción, medicina, drama intenso… Ha sido una escuela total y ahora solo quiero que me guíe la curiosidad y sorprenderme con lo siguiente.
La actriz irlandesa se despide de «Outlander» tras una década convertida en el gran icono de la resiliencia femenina
Caitriona Balfe (Dublín, 1979) desprende una serenidad que solo otorga el haber sobrevivido a un fenómeno de masas sin perder la brújula. Durante diez años, su Claire Fraser ha sido enfermera, guerrera, madre y amante en un viaje a través del tiempo que ahora llega a su fin enMovistar Plus+. Pero Balfe no se ha limitado a actuar; ha producido, ha dirigido y, sobre todo, ha reflexionado sobre la responsabilidad de los creadores en temas tan espinosos como la violencia sexual o la representación del placer. En esta conversación para LA RAZÓN, la actriz hace balance de una etapa que le ha dado una carrera, una familia y la sabiduría necesaria para mirar al futuro con la curiosidad de quien sabe que lo mejor está siempre por rodar.
¿Qué siente al ver que el viaje de Claire Fraser llega finalmente a su destino?
Es una mezcla de emociones muy intensa. Todos en el equipo éramos conscientes de que en esta última temporada había mucho en juego; las emociones estaban a flor de piel en cada secuencia. Después de diez años, Claire ha ocupado un espacio enorme en mi vida y el equipo se ha convertido en mi familia. Ninguno de nosotros pensó que esto duraría tanto ni que significaría tanto para tanta gente. Al terminar, necesité retirarme y descansar para procesarlo todo de una forma saludable. He aprendido muchísimo de ella; Claire es apasionada y valiente, pero también frágil. Ha sido la mejor profesora que he tenido nunca.
Uno de los temas que más han impactado de «Outlander» ha sido el enfoque que se le ha dado a la sexualidad de Claire.
Absolutamente. Para mí era vital mostrar que las mujeres pueden pedir placer, que pueden dirigir su propio deseo y ser dueñas de su cuerpo. Claire es una mujer que no espera, sino que actúa. Como productora, he luchado por una representación equilibrada que no cosifique a los personajes y por la inclusión de coordinadores de intimidad. Queríamos mostrar un romance que fuera absolutamente real, con sus luces y sus sombras, pero siempre desde el respeto a la integridad de los personajes.
La serie no ha rehuido la violencia sexual, lo que le ha valido críticas. ¿Cómo las asume ahora que cierra el ciclo?
Agradezco las críticas porque nos hacen reflexionar sobre nuestra responsabilidad como creadores. Me he preguntado mucho si estamos reflejando la sociedad o si, de alguna manera, estamos normalizando ciertas conductas. No creo que siempre hayamos acertado, pero lo que hemos intentado es centrarnos en las secuelas, en la recuperación y en lo devastadora que es la violencia sexual para una comunidad. La televisión va a un ritmo muy rápido y quizá no sea el medio más considerado para temas tan sensibles, pero si sirve para provocar una conversación y que nos preguntemos por qué estas cosas siguen ocurriendo, el esfuerzo habrá valido la pena.
Ha pasado de actriz a productora y ahora directora. ¿Qué le ha aportado estar detrás de cámaras?
Ha sido emocionante. Cuando estaba dirigiendo el segundo episodio de esta temporada, me sentí como si estuviera actuando por primera vez; mi cerebro funcionaba a toda velocidad. Es una experiencia que me hizo sentir con una sonrisa tonta todo el tiempo, viendo trabajar a mis compañeros desde otra perspectiva. Me encantó el desafío de tener que repensar secuencias con muy poco margen. Siento que todavía estoy empezando y que tengo mucho que aprender, pero es un camino que quiero seguir explorando junto a la interpretación y la producción.
Se ha posicionado muy firmemente al lado de Sam Heughan frente al acoso en redes, ¿cómo han gestionado esa presión?
Sam y yo nos prometimos desde el primer día que nos cubriríamos las espaldas mutuamente. Sabíamos que íbamos a estar en el centro de este fenómeno y que necesitábamos ese apoyo. He aprendido que la vida es muy corta para tolerar el odio o la negatividad de internet, que a veces puede convertirse en un pozo tóxico. Mi vida no está en internet. Lo que me importa es el cariño que recibimos de los fans que nos han acompañado en este viaje tan largo y que son parte de esta familia que hemos formado.
Si pudiera viajar al pasado y hablar con la Caitriona de 2013, ¿qué le diría?
Le diría que disfrutara más del caos. Outlander siempre ha sido un poco caótica y a veces te preocupas demasiado por los errores, cuando en realidad son parte del proceso. También le diría que durmiera un poco más y que se tomara más vacaciones cuando pudiera (ríe). Me diría que los fantasmas personales se superan y que la confianza en una misma llega con el tiempo. Empecé mi carrera de actriz a los 30 años y me preocupaba que mi pasado como modelo jugara en mi contra, pero la experiencia y la sabiduría son mucho más valiosas que la estética.
¿Qué se traería del siglo XVIII a nuestra hiperconectada actualidad?
Sin duda, la capacidad de desconexión y la presencia física. Admiro la forma en que los personajes se comunican en la serie, sin las distracciones tecnológicas que tenemos hoy. Vivimos en un mundo donde es difícil desconectar y a veces envidio esa simplicidad. Además, interpretar a una mujer que envejece en pantalla a lo largo de treinta años me ha ayudado mucho a reconciliarme con el paso del tiempo en mi propia vida. Me ha enseñado a valorar la belleza de hacerse mayor y la experiencia sobre la estética moderna.
¿Le preocupa que el peso de un personaje tan icónico la encasille en el futuro?
No es algo que me quite el sueño. Me siento en una posición muy privilegiada por haber tenido un trabajo increíble durante una década y, al mismo tiempo, poder participar en proyectos tan distintos como «Belfast» o las películas que tengo pendientes de estreno. Si me llega un proyecto que es otra versión de Claire, tengo la libertad de decir que no. Mi carrera se ha moldeado en esta serie, donde he tenido que hacer de todo: acción, medicina, drama intenso… Ha sido una escuela total y ahora solo quiero que me guíe la curiosidad y sorprenderme con lo siguiente.
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