
Las estaciones que miden la contaminación atmosférica en las urbes son fundamentales para conocer qué aire respira la población y para tomar medidas que reduzcan las fuentes de polución. Una nueva normativa europea exige que aquellos medidores centrados en el tráfico urbano se sitúen en los puntos con más paso de vehículos, pero tres cuartas partes de ellos —pertenecientes a ayuntamientos y comunidades— no lo cumplen, una manera de ocultar la polución real y hacer que los ciudadanos piensen que respiran un aire mejor del que tienen. Así lo explica un informe de Ecologistas en Acción presentado este martes, que analiza 25 estaciones de calidad del aire en otras tantas ciudades con los criterios de la nueva directiva europea y concluye que tres de cada cuatro medidores están mal ubicados. La entidad pide al Estado que obligue a las administraciones a reubicarlas en un año.
La entidad analiza 25 estaciones de calidad del aire con los criterios de la nueva directiva europea y pide al Estado obligar a reubicarlas
Las estaciones que miden la contaminación atmosférica en las urbes son fundamentales para conocer qué aire respira la población y para tomar medidas que reduzcan las fuentes de polución. Una nueva normativa europea exige que aquellos medidores centrados en el tráfico urbano se sitúen en los puntos con más paso de vehículos, pero tres cuartas partes de ellos —pertenecientes a ayuntamientos y comunidades— no lo cumplen, una manera de ocultar la polución real y hacer que los ciudadanos piensen que respiran un aire mejor del que tienen. Así lo explica un informe de Ecologistas en Acción presentado este martes, que analiza 25 estaciones de calidad del aire en otras tantas ciudades con los criterios de la nueva directiva europea y concluye que tres de cada cuatro medidores están mal ubicados. La entidad pide al Estado que obligue a las administraciones a reubicarlas en un año.
“En la década de los 2000 había un incumplimiento generalizado de los niveles de contaminación atmosférica en todas las ciudades grandes y medianas españolas, por lo que comunidades y ayuntamientos optaron por solucionar ese problema de salud pública reubicando las estaciones más conflictivas en lugares con menos polución, una manera de esconder la contaminación”, explica a EL PAÍS Miguel Ángel Ceballos, portavoz de Ecologistas y autor principal del informe.
“Esa situación dio lugar a una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la UE en 2019 que puso en cuestión el diseño de la red de medición de la ciudad de Bruselas, pero que es aplicable a toda la UE. Y con esa base se aprobó luego la nueva Directiva 2024/2881, que ha hecho más estrictos los criterios de ubicación de las estaciones de medición”, continúa.

La directiva, que el Gobierno debe trasponer antes de fin de año —si no pasa a ser de aplicación automática—, exige que estos puntos de control se sitúen en lugares críticos urbanos donde se producen las concentraciones más elevadas, teniendo en cuenta el volumen de tráfico (las avenidas por las que pasen más vehículos), las condiciones de dispersión local y el uso espacial del suelo (es decir, que haya edificios altos para que el viento no aleje la polución). Estos medidores deben tener una distancia a la calzada inferior a 10 metros y no ser más altos de cuatro metros, para no alejarse de la fuente de contaminación.
Además, para cada zona, el número mínimo de puntos de muestreo para mediciones fijas incluirá al menos una estación en un punto crítico de contaminación atmosférica, que para el dióxido de nitrógeno (NO2), las partículas (PM10 y PM2,5), el benceno y el monóxido de carbono (CO), se centrará en la medición de la contribución de las emisiones del tráfico. En los casos en que solo se requiera un punto de muestreo, este estará en un punto crítico.
A partir de estas variables, la entidad ecologista ha analizado 25 estaciones de calidad del aire en otras tantas ciudades: todas aquellas con más de 250.000 habitantes, y algunas urbes medianas para tener al menos una en cada comunidad autónoma. Y, entre los distintos medidores urbanos, han escogido los que ofrecen los peores datos, como las de la plaza Elíptica en Madrid, el Eixample en Barcelona o la Olivereta en Valencia.
El resultado es que 19 de los 25 emplazamientos analizados no respetan la normativa. “Eso supone que los datos que ofrecen no son representativos de la contaminación atmosférica de la ciudad, con lo que no se puede decir si cumplen con los valores límites establecidos por la normativa española”, dice Ceballos.
Entre las incumplidoras, según Ecologistas, Badajoz, Guadalajara y Logroño ni siquiera tienen un punto de medición en un eje principal de tráfico. Barcelona, Bilbao, Elche, Granada, Santander y Valladolid no sitúan las estaciones en calles donde se esperan las concentraciones más elevadas, es decir, que no corresponden a puntos críticos.
Las principales deficiencias detectadas se concentran en la microimplantación. Por ejemplo, Las Palmas de Gran Canaria tiene su medidor en el techo de un mercado, muy lejos de donde respiran los ciudadanos, algo similar a lo que ocurre en A Coruña y Bilbao. Muchas ponen estas estaciones a más de 10 metros de las vías de tráfico, como pasa en A Coruña, Alicante, Badajoz, Elche, Logroño, Madrid, Málaga, San Sebastián, Vigo y Vitoria. En cuanto a las que sí cumplen, están las de Gijón, Palma, Pamplona, Sevilla, Valencia y Zaragoza
Carmen Duce, portavoz de movilidad de Ecologistas en Acción, explica que el Ministerio para la Transición Ecológica está ya trasponiendo la directiva europea en un decreto, que debería llegar antes del próximo octubre. “Le hemos pedido al ministerio que incluya una disposición adicional para dar un plazo de un año a las ciudades para que reubiquen las estaciones y cumplan la normativa”. Esto minimizaría el riesgo de que las superaciones de valores límite pasen desapercibidas y obligaría a los ayuntamientos y comunidades a tomar medidas para mejorar la calidad del aire.
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