En España alrededor de 1,05 millones de personas perciben actualmente una pensión de incapacidad permanente, una prestación clave para quienes han visto reducida o anulada su capacidad laboral por enfermedad o accidente. Con la llegada de 2026 estas pensiones experimentarán una subida que busca compensar el impacto del coste de la vida y reforzar la protección social. La pensión media de incapacidad permanente aumentará en 32,7 euros mensuales y pasará a situarse en 1.244,18 euros al mes frente a los 1.211,48 euros mensuales que se percibían en el pasado curso, un incremento que beneficiará al conjunto de perceptores aunque de forma desigual.
Cabe destacar que las cuantías finales varían en función del grado de incapacidad reconocido y, por tanto, los incrementos también son distintos según cada caso. Por ejemplo, la pensión por gran invalidez quedaría fijada en 2.583,15 euros mensuales al tratarse de situaciones en las que el beneficiario necesita la asistencia de otra persona para los actos esenciales de la vida diaria. Por su parte la incapacidad permanente absoluta se establecería en 1.520,25 euros al mes, mientras que otros grados inferiores perciben importes más reducidos en función de la limitación para el trabajo habitual o para cualquier profesión.
Antes de acceder a estas cuantías, los trabajadores deben afrontar un procedimiento administrativo complejo que comienza con la baja médica y la posterior evaluación por parte del Instituto Nacional de la Seguridad Social. El proceso incluye informes médicos, pruebas complementarias y la comparecencia ante el tribunal médico, un órgano que valora si las secuelas son previsiblemente definitivas y en qué grado afectan a la capacidad laboral. Este trámite suele generar incertidumbre entre los solicitantes ya que no siempre el dictamen coincide con las expectativas del trabajador y en muchos casos obliga a presentar reclamaciones. Por tanto, precisa de una preparación que pocas veces se lleva a cabo.
Cuidado con las preguntas trampa del tribunal médico
Andrés Millán, abogado dado a conocer en redes sociales bajo el pseudónimo de Lawtips por sus vídeos de carácter divulgativo sobre el mundo laboral y los derechos de los ciudadanos, expone la prueba crucial que el tribunal médico hace sobre los trabajadores afectados. «Le rechazan la pensión de incapacidad permanente, que básicamente es cobrar lo mismo que si estuvieras trabajando cuando estás enfermo pero sin tener que trabajar, y se la rechazan por una pregunta trampa«, comienza explicando el profesional del derecho en relación a un resolución real de una empleada que se encontraba en las siguientes condiciones.
El caso concreto es el siguiente: «Era una limpiadora con problemas lumbares y le preguntaron, ¿te gustaría seguir trabajando?, y contestó sí. Está bien comentar que te gustaría seguir trabajando, que no coges la pensión de incapacidad para estar en el sofá sin hacer nada, pero tienes que especificar siempre que contestas«, confirma. En este sentido, el abogado propone un ejemplo de contestación que no dejaría lugar a la duda para el entrevistador: «Sí, me gustaría continuar trabajando pero me duele tanto la espalda que es que no soy capaz, es horrible», declara como una respuesta válida que incluye la matización que él recomienda.
Por ende, estas palabras, que no parecen tener mucho desarrollo en un primer momento, son fundamentales para el devenir de tu estado laboral. «Esto es un poco como una entrevista de trabajo, no respondas con monosílabos, tienes que explicar qué es lo que te pasa: ‘no puedo limpiar porque me agacho y me duele muchísimo la espalda, de hecho, ni siquiera puedo estar sentado y tengo que estar tumbado todo el día’, comenta tu caso», aclara.
¿Cómo consiguió la limpiadora su incapacidad permanente?
«La mujer no lo hizo y el tribunal médico le denegó la incapacidad», indica. En este contexto, y con las condiciones ya esclarecidas, la única solución recae de iniciar un proceso judicial recurriendo esta decisión para que se te conceda la incapacidad y las pagas correspondientes, que es lo que la limpiadora puso en práctica. «Finalmente, la trabajadora lo consiguió y, de hecho, le dieron la pensión con una sentencia del Tribunal Superior de Justicia, pero podría haberse ahorrado todo esto de haber contestado bien a las preguntas«, concluye. Por tanto, resulta imprescindible preparar estos trámites para evitar que se prorroguen en el tiempo.
El experto incide en cómo hay que responder a las preguntas que formula el revisor y la necesidad de cuidar tus palabras agregando siempre una especificación de tu contestación
En España alrededor de 1,05 millones de personas perciben actualmente una pensión de incapacidad permanente, una prestación clave para quienes han visto reducida o anulada su capacidad laboral por enfermedad o accidente. Con la llegada de 2026 estas pensiones experimentarán una subida que busca compensar el impacto del coste de la vida y reforzar la protección social. La pensión media de incapacidad permanente aumentará en 32,7 euros mensuales y pasará a situarse en 1.244,18 euros al mes frente a los 1.211,48 euros mensuales que se percibían en el pasado curso, un incremento que beneficiará al conjunto de perceptores aunque de forma desigual.
Cabe destacar que las cuantías finales varían en función del grado de incapacidad reconocido y, por tanto, los incrementos también son distintos según cada caso. Por ejemplo, la pensión por gran invalidez quedaría fijada en 2.583,15 euros mensuales al tratarse de situaciones en las que el beneficiario necesita la asistencia de otra persona para los actos esenciales de la vida diaria. Por su parte la incapacidad permanente absoluta se establecería en 1.520,25 euros al mes, mientras que otros grados inferiores perciben importes más reducidos en función de la limitación para el trabajo habitual o para cualquier profesión.
Antes de acceder a estas cuantías, los trabajadores deben afrontar un procedimiento administrativo complejo que comienza con la baja médica y la posterior evaluación por parte del Instituto Nacional de la Seguridad Social. El proceso incluye informes médicos, pruebas complementarias y la comparecencia ante el tribunal médico, un órgano que valora si las secuelas son previsiblemente definitivas y en qué grado afectan a la capacidad laboral. Este trámite suele generar incertidumbre entre los solicitantes ya que no siempre el dictamen coincide con las expectativas del trabajador y en muchos casos obliga a presentar reclamaciones. Por tanto, precisa de una preparación que pocas veces se lleva a cabo.
Cuidado con las preguntas trampa del tribunal médico
Andrés Millán, abogado dado a conocer en redes sociales bajo el pseudónimo de Lawtips por sus vídeos de carácter divulgativo sobre el mundo laboral y los derechos de los ciudadanos, expone la prueba crucial que el tribunal médico hace sobre los trabajadores afectados. «Le rechazan la pensión de incapacidad permanente, que básicamente es cobrar lo mismo que si estuvieras trabajando cuando estás enfermo pero sin tener que trabajar, y se la rechazan por una pregunta trampa«, comienza explicando el profesional del derecho en relación a un resolución real de una empleada que se encontraba en las siguientes condiciones.
El caso concreto es el siguiente: «Era una limpiadora con problemas lumbares y le preguntaron, ¿te gustaría seguir trabajando?, y contestó sí. Está bien comentar que te gustaría seguir trabajando, que no coges la pensión de incapacidad para estar en el sofá sin hacer nada, pero tienes que especificar siempre que contestas«, confirma. En este sentido, el abogado propone un ejemplo de contestación que no dejaría lugar a la duda para el entrevistador: «Sí, me gustaría continuar trabajando pero me duele tanto la espalda que es que no soy capaz, es horrible», declara como una respuesta válida que incluye la matización que él recomienda.
Por ende, estas palabras, que no parecen tener mucho desarrollo en un primer momento, son fundamentales para el devenir de tu estado laboral. «Esto es un poco como una entrevista de trabajo, no respondas con monosílabos, tienes que explicar qué es lo que te pasa: ‘no puedo limpiar porque me agacho y me duele muchísimo la espalda, de hecho, ni siquiera puedo estar sentado y tengo que estar tumbado todo el día’, comenta tu caso», aclara.
¿Cómo consiguió la limpiadora su incapacidad permanente?
«La mujer no lo hizo y el tribunal médico le denegó la incapacidad», indica. En este contexto, y con las condiciones ya esclarecidas, la única solución recae de iniciar un proceso judicial recurriendo esta decisión para que se te conceda la incapacidad y las pagas correspondientes, que es lo que la limpiadora puso en práctica. «Finalmente, la trabajadora lo consiguió y, de hecho, le dieron la pensión con una sentencia del Tribunal Superior de Justicia, pero podría haberse ahorrado todo esto de haber contestado bien a las preguntas«, concluye. Por tanto, resulta imprescindible preparar estos trámites para evitar que se prorroguen en el tiempo.
Noticias de Economía Nacional e Internacional en La Razón
