Durante una nueva noche infernal en Kiev, al menos 20 personas han muerto en la capital ucrania tras el ataque lanzado por Rusia al comienzo del jueves. Se trata de uno de los peores que ha sufrido la ciudad en más de cuatro años de gran invasión rusa, según confirman los servicios de emergencia. Los heridos se cuentan por decenas y hay un centenar de edificios e infraestructuras destruidos o dañados. El bombardeo, que duró horas, descargó sobre distintas regiones del país 74 misiles, una veintena de ellos balísticos, y 496 drones, según las Fuerzas Aéreas. Pasado el mediodía, seguían saltando las alertas ante nuevos lanzamientos sobre Kiev, donde viven unos tres millones de personas.
Moscú reivindica la acción en represalia por la ofensiva ucrania contra infraestructuras civiles del país
Al menos 18 personas han muerto en Kiev tras el ataque lanzado por Rusia contra la capital de Ucrania en la madrugada de este jueves, uno de los peores que ha sufrido la ciudad en más de cuatro años de guerra, según confirman los servicios de emergencia. Los heridos se cuentan por decenas y hay un centenar de edificios e infraestructuras destruidos o dañados. El bombardeo, que duró horas, descargó sobre distintas regiones del país 74 misiles, una veintena de ellos balísticos, y 496 drones, según las Fuerzas Aéreas. Pasado el mediodía, seguían saltando las alertas ante nuevos lanzamientos sobre Kiev, donde viven unos tres millones de personas.
El presidente, Volodímir Zelenski, anunció a última hora del miércoles, desde Dublín, que la noche iba a ser dura. Poco después se confirmaron las informaciones que los servicios secretos ucranios habían recabado: los rusos estaban preparando todo para acometer un gran ataque sobre la capital, 16 días después del último, que tuvo lugar el 15 de junio. El mandatario emprendió regreso inmediato desde Irlanda a su país, mientras pedía a la población que se pusiera a cubierto.
Pronto, las estaciones de metro y los sótanos de los edificios se llenaron de personas que buscaban refugio. El cielo empezó a temblar. Las alertas iban anunciando, a través de redes sociales, la salida de proyectiles, drones o misiles desde diferentes puntos. Las autoridades reclamaban a los habitantes que acudieran a zonas seguras. Las defensas antiaéreas trabajaban para tratar de minimizar los daños, pero un 100% de efectividad en el derribo de proyectiles es casi imposible.


Alina Smutko (REUTERS)







Stringer (REUTERS)
El Ministerio de Defensa ruso ha afirmado este jueves que el ataque consistió en varias rondas de drones y misiles Kiev contra “instalaciones militares y energéticas en los alrededores de Kiev, así como aeropuertos militares en varias regiones, entre ellas Poltava y Dnipropetrovsk”. Y lo ha reivindicado como una represalia por los bombardeos de Ucrania contra infraestructuras civiles rusas de los últimos días. Kiev, sin embargo, no ha aclarado si Rusia ha logrado dañar instalaciones militares.
A primera hora, las autoridades militares de Kiev han anunciado que han atacado una refinería rusa en Kstovo, unos 400 kilómetros al este de Moscú. Ese bombardeo forma parte de una estrategia diseñada desde hace un año por Ucrania para, en respuesta a la ofensiva del Kremlin, tratar de dañar las infraestructuras energéticas rusas.
Al amanecer en Kiev, y todavía bien avanzada la mañana, las columnas de humo se elevaban sobre el cielo de la ciudad desde diferentes barrios. Además de numerosos bloques de viviendas, el ataque alcanzó un hotel, un instituto, un centro médico o un mercado. El número de víctimas ha ido subiendo desde que, a primera hora de la mañana, el ministro del Interior, Ihor Klimenko, confirmara a EL PAÍS, en uno de los lugares golpeados por un misil, que los muertos eran 13.

Klimenko sigue de cerca el trabajo de los equipos de rescate, equipados con maquinaria pesada (grúas, excavadoras y camiones). Remueven los escombros de un edificio residencial de una decena de plantas que presenta grandes daños en el distrito de Darnytsia, en la orilla izquierda del río Dniéper.
Hasta el momento, en ese lugar solo han logrado recuperar un cadáver, sobre las 7.30, pero se busca a seis o siete desaparecidos entre los escombros, explica sobre el terreno a este diario el responsable de Interior. Los restos del edificio todavía humean, como los coches afectados. Testigo del bombardeo, un parque infantil permanece cubierto de polvo, restos de árboles y cascotes.
Los bomberos ascienden a las plantas superiores, desde donde ayudan a las grúas en arriesgadas maniobras a retirar vigas y partes del edificio para intentar acceder a donde, supuestamente, se hallan las personas a las que buscan.
“Esto es simplemente un ataque terrorista”, denuncia Ihor Klimenko, del que no se despegan dos fornidos guardaespaldas. “Moscú sigue destruyendo nuestras casas, edificios, ciudades, fábricas e infraestructura energética”, añade. A la Unión Europea le implora: “Hay que detener esta guerra, detener estos ataques que tienen lugar cada día y cada noche, ofrecer seguridad a nuestros ciudadanos. Han de frenar a Putin. Nos faltan misiles en nuestro ejército. Necesitamos protección y apoyo de nuestros aliados internacionales”.
A unos metros de distancia, el jefe de los rescatistas, Konstantin Silaiev, observa a sus hombres, algunos visiblemente agotados y envueltos en nubes de polvo, mientras ellos tratan de desescombrar para extraer, con o sin vida, a los desaparecidos. Algunos bomberos suben por las fachadas con escaleras de mano para revisar si queda gente en los apartamentos.
El alcalde de la capital, Vitali Klichkó, ha decretado este jueves como jornada de luto. Ha pedido que todas las banderas, las de instituciones oficiales y las colocadas en lugares privados, ondeen a media asta, y ha suspendido las actividades públicas.
Tras una cinta policial, a unas decenas de metros, unos vecinos observan la escena. Ania Voitenko, de 19 años, espera junto a su padre, Anatoli, que las autoridades les permitan pasar y comprobar el estado de su casa. Cuando saltaron las alarmas, acudieron al sótano de un edificio próximo, mejor dotado que el suyo. “Estábamos allí abajo cuando, sobre las 4.00, llegó la gran explosión. Entre las cuatro y las cinco de la mañana se han escuchado muchas detonaciones. Hemos pasado mucho miedo”, dice la joven. “No sabemos qué hacer con nuestras vidas”, concluye, con los ojos a punto de romper en lágrimas.
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