Su modo de vida es una invitación a aprovechar cada día todas las posibilidades con gratitud y a no abandonarse a la soledad Leer Su modo de vida es una invitación a aprovechar cada día todas las posibilidades con gratitud y a no abandonarse a la soledad Leer
«La vida hay que tomarla a la carrera»: esta es la filosofía de Adelia, nacida en 1931, que abrió al Corriere della Sera las puertas de su casa en Comasina, un barrio periférico de Milán, para contar el «secreto» de su longevidad.
Nacida en Roncade, en la provincia de Treviso, y segunda de doce hermanos, descubrió desde la infancia que no parar de hacer cosas era la única manera de hacer frente a las penurias impuestas por la guerra y el hambre. Un imperativo para ella que, desde niña, nunca pudo permitirse el lujo de frenar su ritmo de vida y tuvo que arremangarse y trabajar para ayudar a la familia, afrontando a los 15 años, con solo una maleta, el viaje a Milán, donde encontró trabajo y también el amor.
A los 95 años, no parar tiene un significado más profundo para ella. Es una invitación a aprovechar cada día todas las posibilidades con gratitud, a no abandonarse a la soledad. Significa salir de casa, llenarse los ojos y la vida de experiencias, de historias, de risas; en una palabra, es una invitación a seguir adelante. Porque, si hay salud, achaques y lágrimas se superan «manteniendo siempre la cabeza hacia adelante y no demasiado, de forma nostálgica, hacia atrás; de lo contrario, viene la tortícolis y se corre el riesgo de caerse».
- ¿Cuál es la actividad a la que nunca renunciaría?
- Estoy deseando que vuelva a abrirse el grupo de gimnasia para mayores en el que participo porque tengo la excusa para salir, dar una vuelta por el barrio y charlar con las amigas por el camino. Lo bonito de esta iniciativa es que es una oportunidad no solo para moverme, sino para encontrarme con otras personas.
- ¿Fue deportista desde joven?
- No, nunca lo fui, pero sí activa: siempre caminé mucho. Durante años trabajé como niñera y acompañaba a pie a una niña a sus clases de danza en San Babila. Hacía siempre el mismo recorrido. Y fue allí, en la calle, donde conocí a mi marido. Un día me habló, salimos a bailar y poco después nos casamos.
- ¿Le pesa salir menos de lo habitual en invierno?
- Muchísimo. Este mes tuve que quedarme en casa por una gripe fuerte y ahora ya no aguanto más: me aburro y se me agarrotan las piernas. Por eso estoy deseando que vuelva la gimnasia; solo la idea de ir a ese encuentro me hace sentir bien, y además tengo la ocasión de ver a mis amigas, de que me cuenten qué ha pasado, si han jugado a la tombola, si han ganado o no.
- ¿Le atraen o le intimidan las novedades?
- Sin duda me atraen, me gusta probar cosas nuevas. En la vida solo he conocido el trabajo, estudié poco, tengo solo la primaria. Estos años son mi oportunidad para dedicarme a mí misma. Hay muchas cosas que he aprendido a hacer tarde, como cocinar o hacer gimnasia, y espero aprender otras más.
- ¿Qué es para usted la libertad?
- Tengo una imagen que llevo conmigo desde que era niña, cuando estaba abrumada por las obligaciones y responsabilidades. Cuando podía escaparme, me subía a un árbol. Me quedaba allí arriba, sola por un rato, y pensaba: «por fin, la libertad».
- ¿Cuál es su mayor sueño?
- Tengo unas ganas enormes de volver a visitar Córcega. Me gusta el aire que se respira, la naturaleza que te envuelve, el mar, y además tengo dos bisnietos que viven allí. Pero mis hijas no me lo permiten, me han cortado las alas. Quizá tengan miedo de que me caiga; en cambio, deberían dejarme hacer lo que siempre he hecho y lo que siento que todavía puedo hacer.
- También su matrimonio fue longevo
- Mi marido falleció hace cinco años. Siempre fuimos un equipo: él trabajaba y yo me ocupaba de nuestros cuatro hijos. Siempre nos gustó reír y estar en compañía; nos divertimos de jóvenes sin hacer grandes locuras y quizá eso también nos ayudó a estar juntos tantos años.
- ¿Qué importancia tiene la fe en su vida?
- Muchísima. Siempre hay una ayuda del cielo y, frente a las dificultades de la vida, me ha servido mucho para apretar los dientes y seguir adelante.
- ¿Cómo es un día típico suyo?
- Me levanto temprano, desayuno y luego espero a los nietos, que vienen a comer. No como mucho, sobre todo por la noche; no bebo alcohol y, de vez en cuando, me permito un dulce con café de cebada.
- ¿Qué relación tiene con las nuevas tecnologías?
- No tengoóvil, uso el de mi hija para hacer videollamadas. Hace unos días, mi nieto me mostró una foto de mis padres animada con inteligencia artificial. Los vi moverse, besarse, y me quedé petrificada. Es una tecnología fascinante, ¡pero qué miedo!
- ¿Cree que tiene más cosas que enseñar o que aprender?
- Sin duda, aprender: todavía hay todo un mundo por descubrir.
Salud // elmundo
