
De aprender el oficio junto a su padre en Ciudad Rodrigo a desarrollar su carrera audiovisual en Gipuzkoa, David Vicente ha construido una trayectoria que combina fotografía social, arquitectura, empresas y obra civil. Hace siete meses sufrió un ictus que le ha hecho valorar todavía más el tiempo y las personas que le rodean. Hoy mira al futuro con nuevas ideas y ganas de explorar las posibilidades de la inteligencia artificial.
«Mi padre me enseñó a mirar»: los comienzos de una vocación
—Tu relación con la fotografía viene de familia. ¿Cómo empezaste?
Mi padre era fotógrafo y mis comienzos profesionales fueron junto a él, en Ciudad Rodrigo, Salamanca. Empecé en el mundo de las bodas, los bautizos y las comuniones. Allí fui aprendiendo el oficio y descubriendo todo lo que implica estar detrás de una cámara.
Recuerdo especialmente una cosa que me decía mi padre mientras me enseñaba a fotografiar durante algunas sesiones de boda: que lo más importante era saber ver la luz en cada momento. A mí aquello me parecía muy difícil de llevar a la práctica. Con el tiempo he ido comprendiendo la importancia de aquella enseñanza.
—¿Qué te ha quedado de aquellas enseñanzas?
Sobre todo, la importancia de observar. La técnica es fundamental y hay que conocerla, pero también hay que saber mirar, anticiparse a lo que va a suceder y entender qué tienes delante.
Con los años he ido encontrando mi propio camino. La fotografía ha evolucionado muchísimo, han cambiado los equipos y las herramientas, pero la capacidad de observar y reconocer una buena imagen sigue siendo esencial.
Una nueva vida en Donostia
—Hace 16 años llegaste a Donostia. ¿Qué supuso aquel cambio?
Fue una etapa importante en mi vida, porque llegué a Donostia coincidiendo con el nacimiento de mi hija. En lo personal y en lo profesional, comenzaba una etapa nueva.
Venía de trabajar con mi padre en Ciudad Rodrigo y aquí tuve que empezar a construir mi propio camino. Necesitaba darme a conocer, encontrar clientes y ganarme la confianza de la gente.
—¿Cómo conseguiste abrirte camino en Gipuzkoa?
Fue una combinación de muchas cosas: el boca a boca, el contacto con otros profesionales, las primeras relaciones con empresas y la capacidad de adaptarme a diferentes tipos de trabajo.
Cuando llegas a un lugar nuevo tienes que demostrar lo que sabes hacer. Cada trabajo te permite aprender, conocer gente y establecer relaciones profesionales. Poco a poco fui ampliando mi actividad y descubriendo nuevas posibilidades.
De las bodas a la arquitectura y la obra civil
—Tu trabajo abarca hoy sectores muy diferentes. ¿Cómo se produjo esa evolución?
Empecé con la fotografía social, pero con el tiempo fui ampliando el abanico hacia la fotografía corporativa, la arquitectura, la construcción, la obra civil, los eventos y la producción audiovisual.
Son ámbitos distintos, con necesidades diferentes, pero todos requieren observación, planificación y capacidad para contar algo a través de la imagen.
Fotografiar una boda y documentar una infraestructura no tienen mucho que ver en cuanto al trabajo que exigen, pero ambos requieren entender qué está sucediendo y saber qué merece la pena registrar.
—¿Qué buscas cuando haces una fotografía?
Depende mucho del encargo. No es lo mismo documentar una obra que fotografiar una boda o un retrato. Cada trabajo tiene su finalidad y hay que entenderla.
Pero siempre intento que la imagen tenga sentido, que transmita algo y que responda a lo que se necesita contar. No se trata únicamente de hacer una fotografía técnicamente correcta, sino de comprender qué tienes delante y cómo puedes representarlo de la mejor manera.
Fotografías que adquieren valor con los años
—¿Piensas en el valor que tendrán tus fotografías dentro de veinte o treinta años?
Evidentemente. Cuando fotografías una boda, una familia o un acontecimiento importante, eres consciente de que esas imágenes pueden adquirir un valor mucho mayor con el paso del tiempo.
El día que entregas un reportaje, las personas están viviendo el presente. Pero pasan los años, los niños crecen, cambian las circunstancias y las fotografías se convierten en una forma de recuperar momentos que ya no volverán.
A lo largo de mi trayectoria he vivido muchas situaciones que me han hecho comprenderlo. Sería difícil quedarme con una sola historia, porque ese valor aparece de muchas maneras.
Creo que nuestro trabajo tiene una responsabilidad que va más allá de hacer una buena fotografía. Estamos documentando momentos de la vida de las personas que, con el tiempo, pueden llegar a ser irremplazables.
Una experiencia que cambia las prioridades
—Hace siete meses sufriste un ictus. ¿Cómo has vivido esta experiencia?
Fue una experiencia que me hizo pensar en muchas cosas. En mi familia, en las personas que tengo a mi lado, en todo lo que todavía quiero vivir y hacer, y en lo rápido que puede cambiar la vida de un momento a otro.
A veces damos por sentadas muchas cosas: el tiempo, los momentos cotidianos, la posibilidad de hacer planes o de compartir la vida con las personas que queremos. Una experiencia así te hace ser más consciente de su importancia.
—¿Ha cambiado tu forma de entender la vida y el trabajo?
Valoro más todo. La familia, los amigos, el tiempo y las oportunidades que tenemos para hacer cosas.
La inquietud por aprender e innovar siempre me ha acompañado. Nunca me ha gustado quedarme quieto profesionalmente, pero ahora tengo todavía más ganas de aprovechar el tiempo, desarrollar proyectos y explorar nuevas posibilidades.
No quiero quedarme mirando hacia atrás. Quiero seguir trabajando, aprendiendo y disfrutando de todo lo que todavía está por venir.
Mirar al futuro: fotografía, vídeo e inteligencia artificial
—Hablas de nuevas posibilidades. ¿Qué proyectos te ilusionan en esta etapa?
Me interesa mucho lo que está ocurriendo con la inteligencia artificial y las posibilidades que ofrece para la comunicación audiovisual.
Estoy explorando su aplicación a la arquitectura, la obra civil y las infraestructuras, especialmente mediante la infografía audiovisual. La idea es visualizar proyectos y ayudar a explicar cómo pueden convertirse en una realidad.
Es un campo que me interesa porque une la imagen con la capacidad de mostrar algo que todavía está por venir. La fotografía y el vídeo permiten documentar lo que existe; estas nuevas herramientas también pueden ayudar a representar y comunicar proyectos futuros, siempre diferenciando una visualización de una obra realmente ejecutada.
—¿Crees que la inteligencia artificial cambiará la profesión del fotógrafo?
Creo que va a transformar muchas cosas y que tenemos que aprender a entenderla y utilizarla con criterio.
No quiero dejar de hacer fotografía y vídeo, porque son la base de mi trayectoria y una parte fundamental de mi vida profesional. Pero tampoco quiero quedarme anclado en una sola manera de trabajar.
Me interesa combinar mi experiencia con las nuevas herramientas, descubrir qué aportan realmente y encontrar formas diferentes de comunicar. La clave está en evolucionar sin perder la mirada propia.
—¿Cómo imaginas los próximos años de tu carrera?
Quiero combinar todas esas facetas y adaptarme a lo nuevo que viene. Seguir creciendo como fotógrafo y videógrafo, experimentar con la inteligencia artificial y desarrollar nuevas formas de visualizar y contar proyectos.
Después de tantos años, sigo teniendo curiosidad por aprender. Y, después de lo que he vivido, tengo todavía más ganas de aprovechar el tiempo y llevar adelante las ideas que me ilusionan.
Al final, todo sigue teniendo relación con aquella enseñanza de mi padre: aprender a ver la luz en cada momento. En fotografía, esa capacidad es fundamental. Y en la vida, quizá también sea importante saber reconocer las oportunidades que tenemos delante y aprovecharlas.
La entrada David Vicente: «La fotografía me ha enseñado a mirar, pero la vida me ha enseñado a valorar» aparece primero en GipuzkoaGaur – Actualidad de Gipuzkoa.
De aprender el oficio junto a su padre en Ciudad Rodrigo a desarrollar su carrera audiovisual en Gipuzkoa, David Vicente ha construido una trayectoria que combina fotografía social, arquitectura, empresas y obra civil. Hace siete meses sufrió un ictus que le ha hecho valorar todavía más el tiempo y las personas que le rodean. Hoy
La entrada David Vicente: «La fotografía me ha enseñado a mirar, pero la vida me ha enseñado a valorar» aparece primero en GipuzkoaGaur – Actualidad de Gipuzkoa.
De aprender el oficio junto a su padre en Ciudad Rodrigo a desarrollar su carrera audiovisual en Gipuzkoa, David Vicente ha construido una trayectoria que combina fotografía social, arquitectura, empresas y obra civil. Hace siete meses sufrió un ictus que le ha hecho valorar todavía más el tiempo y las personas que le rodean. Hoy mira al futuro con nuevas ideas y ganas de explorar las posibilidades de la inteligencia artificial.
«Mi padre me enseñó a mirar»: los comienzos de una vocación
—Tu relación con la fotografía viene de familia. ¿Cómo empezaste?
Mi padre era fotógrafo y mis comienzos profesionales fueron junto a él, en Ciudad Rodrigo, Salamanca. Empecé en el mundo de las bodas, los bautizos y las comuniones. Allí fui aprendiendo el oficio y descubriendo todo lo que implica estar detrás de una cámara.
Recuerdo especialmente una cosa que me decía mi padre mientras me enseñaba a fotografiar durante algunas sesiones de boda: que lo más importante era saber ver la luz en cada momento. A mí aquello me parecía muy difícil de llevar a la práctica. Con el tiempo he ido comprendiendo la importancia de aquella enseñanza.
—¿Qué te ha quedado de aquellas enseñanzas?
Sobre todo, la importancia de observar. La técnica es fundamental y hay que conocerla, pero también hay que saber mirar, anticiparse a lo que va a suceder y entender qué tienes delante.
Con los años he ido encontrando mi propio camino. La fotografía ha evolucionado muchísimo, han cambiado los equipos y las herramientas, pero la capacidad de observar y reconocer una buena imagen sigue siendo esencial.
Una nueva vida en Donostia
—Hace 16 años llegaste a Donostia. ¿Qué supuso aquel cambio?
Fue una etapa importante en mi vida, porque llegué a Donostia coincidiendo con el nacimiento de mi hija. En lo personal y en lo profesional, comenzaba una etapa nueva.
Venía de trabajar con mi padre en Ciudad Rodrigo y aquí tuve que empezar a construir mi propio camino. Necesitaba darme a conocer, encontrar clientes y ganarme la confianza de la gente.
—¿Cómo conseguiste abrirte camino en Gipuzkoa?
Fue una combinación de muchas cosas: el boca a boca, el contacto con otros profesionales, las primeras relaciones con empresas y la capacidad de adaptarme a diferentes tipos de trabajo.
Cuando llegas a un lugar nuevo tienes que demostrar lo que sabes hacer. Cada trabajo te permite aprender, conocer gente y establecer relaciones profesionales. Poco a poco fui ampliando mi actividad y descubriendo nuevas posibilidades.
De las bodas a la arquitectura y la obra civil
—Tu trabajo abarca hoy sectores muy diferentes. ¿Cómo se produjo esa evolución?
Empecé con la fotografía social, pero con el tiempo fui ampliando el abanico hacia la fotografía corporativa, la arquitectura, la construcción, la obra civil, los eventos y la producción audiovisual.
Son ámbitos distintos, con necesidades diferentes, pero todos requieren observación, planificación y capacidad para contar algo a través de la imagen.
Fotografiar una boda y documentar una infraestructura no tienen mucho que ver en cuanto al trabajo que exigen, pero ambos requieren entender qué está sucediendo y saber qué merece la pena registrar.
—¿Qué buscas cuando haces una fotografía?
Depende mucho del encargo. No es lo mismo documentar una obra que fotografiar una boda o un retrato. Cada trabajo tiene su finalidad y hay que entenderla.
Pero siempre intento que la imagen tenga sentido, que transmita algo y que responda a lo que se necesita contar. No se trata únicamente de hacer una fotografía técnicamente correcta, sino de comprender qué tienes delante y cómo puedes representarlo de la mejor manera.
Fotografías que adquieren valor con los años
—¿Piensas en el valor que tendrán tus fotografías dentro de veinte o treinta años?
Evidentemente. Cuando fotografías una boda, una familia o un acontecimiento importante, eres consciente de que esas imágenes pueden adquirir un valor mucho mayor con el paso del tiempo.
El día que entregas un reportaje, las personas están viviendo el presente. Pero pasan los años, los niños crecen, cambian las circunstancias y las fotografías se convierten en una forma de recuperar momentos que ya no volverán.
A lo largo de mi trayectoria he vivido muchas situaciones que me han hecho comprenderlo. Sería difícil quedarme con una sola historia, porque ese valor aparece de muchas maneras.
Creo que nuestro trabajo tiene una responsabilidad que va más allá de hacer una buena fotografía. Estamos documentando momentos de la vida de las personas que, con el tiempo, pueden llegar a ser irremplazables.
Una experiencia que cambia las prioridades
—Hace siete meses sufriste un ictus. ¿Cómo has vivido esta experiencia?
Fue una experiencia que me hizo pensar en muchas cosas. En mi familia, en las personas que tengo a mi lado, en todo lo que todavía quiero vivir y hacer, y en lo rápido que puede cambiar la vida de un momento a otro.
A veces damos por sentadas muchas cosas: el tiempo, los momentos cotidianos, la posibilidad de hacer planes o de compartir la vida con las personas que queremos. Una experiencia así te hace ser más consciente de su importancia.
—¿Ha cambiado tu forma de entender la vida y el trabajo?
Valoro más todo. La familia, los amigos, el tiempo y las oportunidades que tenemos para hacer cosas.
La inquietud por aprender e innovar siempre me ha acompañado. Nunca me ha gustado quedarme quieto profesionalmente, pero ahora tengo todavía más ganas de aprovechar el tiempo, desarrollar proyectos y explorar nuevas posibilidades.
No quiero quedarme mirando hacia atrás. Quiero seguir trabajando, aprendiendo y disfrutando de todo lo que todavía está por venir.
Mirar al futuro: fotografía, vídeo e inteligencia artificial
—Hablas de nuevas posibilidades. ¿Qué proyectos te ilusionan en esta etapa?
Me interesa mucho lo que está ocurriendo con la inteligencia artificial y las posibilidades que ofrece para la comunicación audiovisual.
Estoy explorando su aplicación a la arquitectura, la obra civil y las infraestructuras, especialmente mediante la infografía audiovisual. La idea es visualizar proyectos y ayudar a explicar cómo pueden convertirse en una realidad.
Es un campo que me interesa porque une la imagen con la capacidad de mostrar algo que todavía está por venir. La fotografía y el vídeo permiten documentar lo que existe; estas nuevas herramientas también pueden ayudar a representar y comunicar proyectos futuros, siempre diferenciando una visualización de una obra realmente ejecutada.
—¿Crees que la inteligencia artificial cambiará la profesión del fotógrafo?
Creo que va a transformar muchas cosas y que tenemos que aprender a entenderla y utilizarla con criterio.
No quiero dejar de hacer fotografía y vídeo, porque son la base de mi trayectoria y una parte fundamental de mi vida profesional. Pero tampoco quiero quedarme anclado en una sola manera de trabajar.
Me interesa combinar mi experiencia con las nuevas herramientas, descubrir qué aportan realmente y encontrar formas diferentes de comunicar. La clave está en evolucionar sin perder la mirada propia.
—¿Cómo imaginas los próximos años de tu carrera?
Quiero combinar todas esas facetas y adaptarme a lo nuevo que viene. Seguir creciendo como fotógrafo y videógrafo, experimentar con la inteligencia artificial y desarrollar nuevas formas de visualizar y contar proyectos.
Después de tantos años, sigo teniendo curiosidad por aprender. Y, después de lo que he vivido, tengo todavía más ganas de aprovechar el tiempo y llevar adelante las ideas que me ilusionan.
Al final, todo sigue teniendo relación con aquella enseñanza de mi padre: aprender a ver la luz en cada momento. En fotografía, esa capacidad es fundamental. Y en la vida, quizá también sea importante saber reconocer las oportunidades que tenemos delante y aprovecharlas.
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