No lo olviden, pibes: nosotros pagamos las inyecciones del niño Leo

No hay nada en este Mundial como las celebraciones y la euforia con la que los argentinos celebran las gestas, las remontadas, las heroicidades, los milagros, sí, sí, los milagros de la tribu de Leo Messi. No hay nada en este Mundial como las celebraciones y la euforia con la que los argentinos celebran las gestas, las remontadas, las heroicidades, los milagros, sí, sí, los milagros de la tribu de Leo Messi.  

No hay nada en este Mundial como las celebraciones y la euforia con la que los argentinos celebran las gestas, las remontadas, las heroicidades, los milagros, sí, sí, los milagros de la tribu de Leo Messi.

Esa sensación de que solo ellos son capaces de protagonizar ese tipo de victorias (llevan un montón de ellas, la verdad, ante Cabo Verde, Suiza, Egipto e Inglaterra) es lo que hace que el mundo entero se admire de que aún sigan vivos en la Copa del Mundo y, no solo vivos, sino finalistas, pese a ser los actuales campeones del mundo.

Finalistas ante una selección, la española, campeona de Europa y que, de momento, ha firmado el mejor partido de los 102 disputados en este Mundial. Una selección, además, que tiene a su estrella más icónica con una historia idéntica, calcada, clonada, a la de Leo Messi. Sí, porque Lamine Yamal fue rescatado para la vida y el fútbol, así de claro, por el FCBarcelona, La Masia y los responsables del fútbol base culé, como ocurrió con ‘La Pulga’.

Si Argentina, toda Argentina, sobre todo los millones de argentinos que no llegan a final de mes, pueden olvidarse de sus estrecheces y celebrar a gritos sus victorias es porque, de la misma manera que España ha encontrado a su ‘niño de oro’, el Barça y solo el Barça salió al rescate de esos dos niños, convertidos ahora en los dos mejores futbolistas del mundo.

Por mal que les sepa a los argentinos, Messi es lo que es porque Charly Rexach, Josep María Minguella y los responsables, en el 2.000, del FCBarcelona, aceptaron, mediante un contrato escrito en una servilleta, hacerse cargo de un niño de 13 años, al que el Newell’s Old Boys y el mismísimo River Plate no quisieron (o no pudieron) pagarle el tratamiento de hormonas del crecimiento que sí financió el Barça.

Todos los pibes y no tan pibes que inundan las calles de las ciudades argentinas celebrando haber llegado a la final con heroicidad, deberían recordar que todo ese placer se lo deben al Barça. El Barça no solo se gastó 35.000 dólares en un tratamiento de tres años («yo mismo acabé pinchándome solo en las dos piernas, un día en la derecha y otro día, en la izquierda», explicó un día Leo), que le permitió a ‘La Pulga’ crecer 26 centímetros (cada centímetro costó 1.325 dólares) y alcanzar (casi) el 1,70 metros de altura, sino que le enseñó a jugar a fútbol.

Todo eso, pibes, lo hizo el Barça, no Argentina, ni la AFA (Asociación de Fútbol Argentina), ni Newell’s Old Boys, ni River Plate, ni nadie (bueno, sí, la Fundación Acindar, lo intentó sin demasiados medios). El Barça no solo ayudó a crecer a Messi, que, no hace mucho tiempo, se tatuó el escudo del ‘més que un club’ en su pierna izquierda (cosa que no ha hecho ningún otro futbolistas azulgrana), sino que lo rodeó de los mejores maestros, técnicos y entrenadores para que aprendiese a jugar a fútbol. Messi llegó a Barcelona con 13 años y no llegó, no, sabiéndolo todo.

Mi amigo Xavi Torres me ha contado y ha contado mil veces que el mismo rescate que el Barça protagonizó con Leo Messi lo hizo con Lamine Yamal, el otro gran protagonista de la final de este domingo. «La Masia salvó a Lamine Yamal, es así de simple», me cuenta Torres. «Lo salvó porque, cuando tenía 12 años (ven, la misma edad de Leo), Lamine había perdido, no vamos a explicar los motivos porque no es necesario, ciertos hábitos relacionados con el estudio, el descanso y la alimentación».

Lamine vivía entonces entre Granollers y Rocafonda, alternando fines de semana con sus padres en entornos distintos. Pero el Barça no podía saltarse el protocolo y no podía acoger en La Masia a un futbolista de esa edad de un entorno tan cercano a su residencia. Pero la insistencia de su entonces representante Iván de la Peña, Jordi Roura, Xavi Vilajoana y Xavi Martín, hizo que el Barça cambiase de criterio.

«Si el Barça creía en el potencial de aquel niño, como creía, debía saltarse todos los protocolos ante la convicción de que Yamal necesitaba estabilidad y disciplina en su rutina diaria. Lo acogieron en su seno, como hicieron en su día con Leo, y, tres años después, debutaba con el primer equipo».

Y, ahora, el domingo, esos dos niños salvados, alimentados, apadrinados, protegidos, educados, enseñados, mimados, entrenados por el Barça se citan en el mayor teatro de los sueños que existe que, no es otro, que la final de un Mundial.

‘D10S’, pese a Joan Laporta, sabe que todo lo que es se lo debe al Barça, por eso se escapa de noche a visitar el Spotify Camp Nou. Por eso Lamine Yamal decidió abrazar la camiseta de España, sabedor de que, algún día, este domingo, se vería las caras con aquel joven que, siendo un bebé, le dio un baño ante la cámara de Joan Monfort.

Le sepa mal o no a Argentina y a España, lo que mañana veremos en Nueva York, además de otras joyas también culés, son dos de las obras maestras, de los prodigios, de La Masía (hay muchas más: Puyol, Amor, Guardiola, Cesc, Xavi, ¡Iniesta!…), dos niños que se hubiesen podido perder por el camino (como se pueden estar perdiendo ahora un montón de Messis en Argentina ante las caóticas condiciones sanitarias del país que gobierna Javier Milei) y que el Barça mimó y enseñó hasta convertirlos en hacedores de milagros futbolísticos. Para todos. n

 Diario de Mallorca – Deportes

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