Durante una nueva noche infernal en Kiev, al menos 30 personas han muerto en la capital ucrania tras el ataque lanzado por Rusia en la madrugada de este jueves. Se trata de uno de los peores que ha sufrido la ciudad en más de cuatro años de invasión rusa del país, según confirman los servicios de emergencia. Los heridos se cuentan por decenas y hay un centenar de edificios e infraestructuras destruidos o dañados. La cifra de muertos ha ido en aumento hasta alcanzar la treintena en la madrugada del viernes.
Moscú reivindica la acción en represalia por la ofensiva ucrania contra infraestructuras civiles del país
Durante una nueva noche infernal en Kiev, al menos 23 personas han muerto en la capital ucrania tras el ataque lanzado por Rusia en la madrugada de este jueves. Se trata de uno de los peores que ha sufrido la ciudad en más de cuatro años de invasión rusa del país, según confirman los servicios de emergencia. Los heridos se cuentan por decenas y hay un centenar de edificios e infraestructuras destruidos o dañados.
El bombardeo, que duró horas, descargó sobre distintas regiones del país 74 misiles, una veintena de ellos balísticos, y 496 drones, según las Fuerzas Aéreas. Solo en un edificio residencial del barrio de Darnytsia uno de los misiles destruyó 64 apartamentos y mató a varios de sus vecinos. Pasado el mediodía, más de doce horas después de los primeros lanzamientos, seguían sonando las alertas ante la llegada de nuevos proyectiles sobre Kiev, donde viven unos tres millones de personas.
A pocos ha sorprendido la magnitud del ataque. El presidente, Volodímir Zelenski, anunció a última hora del miércoles, desde Dublín —donde participaba en los actos de inauguración del semestre de presidencia irlandesa de la UE—, que la noche iba a ser dura. Poco después se confirmaron las informaciones que los servicios secretos ucranios habían recabado: los rusos estaban preparando todo para castigar a la capital, 17 días después del último ataque, que tuvo lugar el 15 de junio.
Antes de la madrugada del jueves, las estaciones de metro y los sótanos de los edificios se habían llenado de personas que buscaban refugio, poco antes de que el cielo empezara a temblar. A través de redes sociales, las alertas anunciaban la salida de proyectiles, drones o misiles desde diferentes puntos. Las autoridades reclamaban a los habitantes que acudieran a zonas seguras. Las defensas antiaéreas trabajaban para tratar de minimizar los daños, pero un 100% de efectividad en el derribo de proyectiles es casi imposible.


Alina Smutko (REUTERS)







Stringer (REUTERS)
Zelenski acortó el viaje y emprendió el regreso de inmediato desde Irlanda mientras pedía a la población que se pusiera a cubierto. Durante la visita a uno de los escenarios golpeados, no escondió cierta frustración ante la falta de medios para poder plantar cara a ataques como el que Kiev acababa de sufrir. “Si nuestros socios hubieran cumplido sus promesas a tiempo, creo que hoy podríamos haber salvado más hogares y vidas”, defendió. “Lo único que pedimos a nuestros socios es, simplemente, que cumplan lo que hemos acordado. Ni siquiera les pedimos más”, añadió en declaraciones a los medios.
El mandatario reclama a los aliados, sobre todo, defensas aéreas y, especialmente, contra misiles balísticos, “una prioridad absoluta y crítica”, escribió en sus redes sociales. En este sentido, Zelenski ha solicitado más acuerdos bilaterales con los socios que colaboran para que el ejército local pueda soportar la presión rusa con armamento como los estadounidenses Patriots.
El Ministerio de Defensa ruso ha afirmado este jueves que el ataque consistió en varias rondas de drones y misiles contra “instalaciones militares y energéticas en los alrededores de Kiev, así como aeropuertos militares en varias regiones, entre ellas Poltava y Dnipropetrovsk”. Y lo ha reivindicado como represalia por los bombardeos de Ucrania contra infraestructuras civiles rusas de los últimos días. Kiev, sin embargo, no ha aclarado si Rusia ha logrado dañar instalaciones militares.
A primera hora, las autoridades militares de Kiev han anunciado el ataque a una refinería rusa en Kstovo, unos 400 kilómetros al este de Moscú. Ese bombardeo forma parte de una estrategia diseñada desde hace un año por Ucrania para, en respuesta a la ofensiva del Kremlin, tratar de dañar las infraestructuras energéticas rusas.
Al amanecer en Kiev, y todavía bien avanzada la mañana, las columnas de humo se elevaban sobre el cielo desde diferentes barrios. Además de numerosos bloques de viviendas, el ataque alcanzó un hotel, un instituto, un centro médico o un mercado. El número de víctimas ha ido subiendo hasta los 25 desde que, a primera hora de la mañana, el ministro del Interior, Ihor Klimenko, confirmara a EL PAÍS, en uno de los lugares atacados, que la cifra de muertos se elevaba a 13.

Klimenko seguía de cerca el trabajo de los equipos de rescate, equipados con maquinaria pesada (grúas, excavadoras y camiones) y que removían los escombros de un edificio residencial de una decena de plantas muy dañado en el distrito de Darnytsia, en la orilla izquierda del río Dniéper.
Hasta ese momento, en ese lugar solo habían logrado recuperar un cadáver, pero se buscaba a seis o siete desaparecidos entre los escombros, explicaba sobre el terreno el responsable de Interior. Los restos del edificio todavía humeaban, como los coches afectados. Testigo del bombardeo, un parque infantil permanecía cubierto de polvo, restos de árboles y cascotes.
Los bomberos ascendían a las plantas superiores, desde donde en arriesgadas maniobras ayudaban a las grúas a retirar vigas y partes del edificio para intentar acceder a donde, supuestamente, se hallaban las personas a las que buscaban.
“Esto es simplemente un ataque terrorista”, denunciaba Klimenko, del que no se despegaban dos fornidos guardaespaldas. “Moscú sigue destruyendo nuestras casas, edificios, ciudades, fábricas e infraestructura energética”, añadía. Tenía un ruego para la Unión Europea: “Hay que detener esta guerra, detener estos ataques que tienen lugar cada día y cada noche, ofrecer seguridad a nuestros ciudadanos. Han de frenar a [el presidente ruso, Vladímir] Putin. Nos faltan misiles en nuestro ejército. Necesitamos protección y apoyo de nuestros aliados internacionales”.
A unos metros de distancia, el jefe de los rescatistas, Konstantin Silaiev, observaba a sus hombres, algunos visiblemente agotados y envueltos en nubes de polvo, mientras trataban de desescombrar para extraer, con o sin vida, a los desaparecidos. Algunos bomberos subían por las fachadas con escaleras de mano para revisar si quedaba gente en los apartamentos.
El alcalde de la capital, Vitali Klichkó, decretó el jueves jornada de luto y pidió que todas las banderas, las de instituciones oficiales y las colocadas en lugares privados, ondearan a media asta. El regidor suspendió las actividades públicas.
Pese a todo, Zelenski aprovechó el día de duelo para sacar pecho de la ofensiva que sus tropas están desplegando, esencialmente con drones, sobre la ocupada península de Crimea. Junto a los restos de uno de los edificios bombardeados, el mandatario señaló que los éxitos que están logrando en ese territorio complican el papel de Putin como líder de la invasión, lo que le lleva a incrementar sus ataques contra civiles.
Zelenski considera, sin embargo, que lo que llevaría al jefe del Kremlin a detener la guerra no es tanto lo que ocurra en Crimea sino en Moscú, dando a entender que Kiev mantendrá también su ofensiva contra la capital rusa.
En todo caso, el presidente ucranio sigue manteniendo la puerta abierta a un encuentro cara a cara con su homólogo ruso, algo que este rechazó a principios de junio. “Estamos abiertos, estamos listos para reunirnos. Él tiene miedo físico a reunirse”, afirmó ante un grupo de reporteros.
Las representaciones diplomáticas en la capital ucrania han condenado los ataques, entre ellas la de la Unión Europea, la de Estados Unidos o la de España. “Los ataques contra civiles son crímenes de guerra”, ha señalado el embajador español, Ricardo López-Aranda tras acudir al lugar del impacto en Darnytsia.
El pasado día 11, la gran invasión rusa de Ucrania, lanzada en febrero de 2022, superó en días a la Primera Guerra Mundial al alcanzar los 1.569. También bate un récord entre las contiendas modernas el número de víctimas, que, entre muertos y heridos en ambos bandos, va más allá de los dos millones, según un informe publicado este miércoles por el Center for Strategic and International Studies (CSIS) de Estados Unidos.
Tras una cinta policial, los vecinos observaban en Darnytsia la escena del desastre. Ania Voitenko, de 19 años, esperaba junto a su padre, Anatoli, que las autoridades les permitieran pasar y comprobar el estado de su casa. Cuando saltaron las alarmas, acudieron al sótano de un edificio próximo, mejor dotado que el suyo. “Estábamos allí abajo cuando, sobre las 4.00, llegó la gran explosión. Entre las cuatro y las cinco de la mañana se han escuchado muchas detonaciones. Hemos pasado mucho miedo”, decía la joven. “No sabemos qué hacer con nuestras vidas”, concluía, con los ojos a punto de romper en lágrimas.
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