La guerra que empezó contra Irán ha girado hasta tener a Líbano como principal afectado. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado una prórroga del alto el fuego con Israel que acababa este domingo, último coletazo de la operación contra Irán empezada el pasado 28 de febrero. Los ataques a la república islámica, encabezados por Estados Unidos e Israel, han cesado tras el acuerdo del 7 de abril, un pacto sin fecha de caducidad. Pero el intercambio de cohetes entre el ejército israelí y el partido-milicia chií Hezbolá, que actúa en Líbano con el respaldo de Irán, ha continuado.
El análisis satelital y la información de ataques documentados revelan que Líbano ha sufrido más ataques israelíes que Irán desde el 28 de febrero. Se estiman en más de 2.100 los edificios dañados
La guerra que empezó contra Irán ha girado hasta tener a Líbano como principal afectado. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado una prórroga del alto el fuego con Israel que acababa este domingo, último coletazo de la operación contra Irán empezada el pasado 28 de febrero. Los ataques a la república islámica, encabezados por Estados Unidos e Israel, han cesado tras el acuerdo del 7 de abril, un pacto sin fecha de caducidad. Pero el intercambio de cohetes entre el ejército israelí y el partido-milicia chií Hezbolá, que actúa en Líbano con el respaldo de Irán, ha continuado.
Los datos e imágenes satelitales disponibles permiten ver cómo Israel ha centrado su esfuerzo bélico contra Líbano más que contra Irán. En los 38 días que van del inicio de la operación ‘Furia Épica’, el 28 de febrero, hasta el alto el fuego del 7 de abril, el ejército israelí ha realizado más de 2.000 ataques o bombardeos aéreos contra el sur y el centro de Líbano, frente a los 1.900 registrados en Irán, según el análisis de EL PAÍS de los ataques documentados por ACLED, organización especializada en datos de conflictos armados.

La diferencia en el número de ataques es aún más llamativa si se tiene en cuenta que Irán es un país enorme: su extensión territorial multiplica por 150 el territorio libanés.
La ofensiva en Líbano no se ha limitado a operaciones de aviación. El ejército israelí ha realizado incursiones en territorio libanés siguiendo el rastro de la invasión de 2024, cuando el enfrentamiento con Hezbolá volvió a escalar tras el atentado de Hamás y la guerra en la Franja de Gaza.
Ahora, el ejército israelí ha empujado a la población libanesa aún más al norte. En Líbano pueden trazarse tres ‘fronteras’ internas.
La ‘línea azul’ es la que separa Israel y Líbano. No se trata exactamente de una frontera, sino de la línea definida por las Naciones Unidas en junio de 2000 para verificar la retirada de las tropas israelíes del sur del país.La ‘línea amarilla’ es una nueva zona militar establecida por Israel que se extiende aproximadamente 10 kilómetros al norte de la línea azul. Abarca al menos 47 municipios, algunos casi totalmente destruidos. En la práctica, es una ‘tierra de nadie’ controlada por las tropas israelíes con el argumento de impedir la actividad de militantes de Hezbolá.Los planes de expansión de Israel parecen ir aún más lejos. El ejército israelí ha ordenado el vaciamiento de todo el territorio al sur del río Litani, un 8% del país, con el objetivo de controlar militarmente la región.En la ofensiva empezada en paralelo a la guerra contra Irán, Israel ha dañado al menos 2.150 edificios en Líbano, según el análisis de imágenes satelitales tomadas antes y durante el conflicto. La destrucción se concentra en el sur del país, aunque la zona más castigada es la que rodea las localidades de Marjayoun y Khiam. Allí, el río Litani y la frontera con Israel forman un corredor que une directamente el valle de la Becá, bastión de Hezbolá, con el sur del país. Israel pretende controlar esta zona para cortar el suministro a los combatientes que permanecen al sur.Tras ordenar el desalojo de la población meridional hacia el norte del Litani -que unas 100.000 personas, según la ONU, han ignorado-, el ejército israelí ha intentado dividir el país destruyendo las carreteras y los puentes que cruzan el río. El último fue destruido en Qasmiyeh horas antes de que entrara en vigor el alto el fuego, lo que dejó el sur completamente incomunicado del norte.
“Atacar infraestructura crítica como los puentes, que conectan una región entera con el resto del país, es algo nuevo en la estrategia militar israelí con respecto a las campañas de los últimos años”, señala Bassel Doueik, investigador de Oriente Medio en ACLED.
En los pueblos que controla en el sur, el ejército israelí está llevando a cabo demoliciones controladas de túneles, edificios y pueblos enteros de los que previamente expulsó a sus habitantes. Algunas han sido documentadas después del alto el fuego entre los dos países.
Los bombardeos han alcanzado también la capital, Beirut, e incluso ciudades del norte consideradas seguras hasta ahora. El grueso de los ataques en la capital se han concentrado en distritos del sur con presencia conocida de milicianos. Pero también llegaron a Aley, la cuarta ciudad del país, situada cerca de Beirut, y al distrito de Keserwan, en el noroeste, zonas que no son de mayoría chií ni tienen tradición de presencia de Hezbolá y que estaban sirviendo de refugio a desplazados del sur. Se estima que estos dos meses de bombardeos han provocado cerca de 1,2 millones de desplazamientos en Líbano.
Una operación “sin precedentes”
Si se cuentan los ataques documentados, Líbano ha sido el país más castigado durante este conflicto en Oriente Próximo. Entró oficialmente en guerra con Israel y Estados Unidos el 2 de marzo y, desde entonces, más de la mitad de los días Israel realizó más ataques aéreos contra Líbano que contra Irán.

Tras el alto el fuego acordado con Irán, Israel ha intensificado aún más su ofensiva en Líbano. El día siguiente al anuncio, el 8 de abril, al menos 50 cazas realizaron más de 100 bombardeos en 10 minutos en todo el país, causando la muerte de más de 300 personas. Los expertos de la ONU han condenado el “ataque sin precedentes” del primer día tras el cese de hostilidades.
Las cifras de víctimas, aún lejos de ser definitivas, superan las 2.300 en Líbano según el ministerio de Sanidad local. Los casos recopilados por ACLED incluyen más de 1.600 fallecidos en ataques documentados en Líbano y 1.500 en Irán desde el comienzo del conflicto.

Hezbolá, que asegura defender el territorio libanés, ha respondido por su parte con cientos de cohetes y drones contra Israel, aunque su capacidad operativa ha quedado claramente mermada tras la ofensiva estadounidense contra Irán, su principal valedor. Sus ataques causaron la muerte de dos civiles en Tel Aviv y 15 soldados israelíes han fallecido en Líbano desde el 2 de marzo, según Reuters. En conjunto, los ataques documentados del grupo —de cualquier tipo— rondan los 1.000, frente a los más de 3.300 del ejército israelí en el mismo período.

El acuerdo que vence este domingo podría consolidar nuevas zonas de influencia para Israel, aunque muchos analistas consideran difícil que el territorio al sur del río Litani quede incluido en un pacto. “Un acuerdo a corto plazo evitaría quizás que Beirut fuera blanco de ataques”, observa Doueik, “pero es poco probable que resuelva el problema, lo que nos llevaría de nuevo a un acuerdo similar al alto el fuego de noviembre de 2024”. A partir de esa fecha comenzaron quince meses de tregua durante los cuales Israel mató a cientos de personas en Líbano con ataques casi diarios mientras Hezbolá no lanzó cohetes hacia el país vecino. El temor, ahora, es que un nuevo armisticio lleve a la misma situación.
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