El baloncesto mallorquín ya no mira hacia arriba con nostalgia; ahora contempla el horizonte desde la cima. Tras una campaña que bordea la perfección mística, el Azulmarino Mallorca Palma ha sellado su ascenso a la Liga Femenina Endesa. No ha sido un simple éxito deportivo, sino una conquista ejecutada con una autoridad insultante. Con un balance casi inmaculado de una sola derrota en toda la travesía 2025-26, el club ha demostrado que no solo quería ascender: quería reinar. El baloncesto mallorquín ya no mira hacia arriba con nostalgia; ahora contempla el horizonte desde la cima. Tras una campaña que bordea la perfección mística, el Azulmarino Mallorca Palma ha sellado su ascenso a la Liga Femenina Endesa. No ha sido un simple éxito deportivo, sino una conquista ejecutada con una autoridad insultante. Con un balance casi inmaculado de una sola derrota en toda la travesía 2025-26, el club ha demostrado que no solo quería ascender: quería reinar.
El baloncesto mallorquín ya no mira hacia arriba con nostalgia; ahora contempla el horizonte desde la cima. Tras una campaña que bordea la perfección mística, el Azulmarino Mallorca Palma ha sellado su ascenso a la Liga Femenina Endesa. No ha sido un simple éxito deportivo, sino una conquista ejecutada con una autoridad insultante. Con un balance casi inmaculado de una sola derrota en toda la travesía 2025-26, el club ha demostrado que no solo quería ascender: quería reinar.
Este ascenso no es un hecho aislado, sino el reencuentro con un destino interrumpido. No es un camino nuevo, pero sí uno que llevaba demasiado tiempo vacío. El Azulmarino recoge el testigo de las leyendas, asumiendo el orgullo de devolver a Mallorca al mapa del baloncesto de primer nivel.
Para entender la magnitud de esta gesta, hay que mirar al pasado, allí donde se forjaron los cimientos de este sueño.
El Flavia de Inca (1977-78): Las auténticas pioneras. Bajo la batuta de Toni Pujol, el Club Flavia fue el primer equipo de Balears en respirar el aire de la Primera División. Fue una odisea de una sola temporada, enfrentándose a titanes como el Picadero J.C. o el Celta de Vigo. Aquel equipo, formado por heroínas locales, vio nacer a la mítica Xisca Rotger, la primera internacional mallorquina que, a pesar del descenso, demostró que en la isla se jugaba un baloncesto de talla europea.
Sóller Joventut Mariana (2008-012): Tres décadas después, el valle de Sóller llevó la canasta mallorquina a su era dorada. Dirigidas por Jorge Méndez, las jugadoras no solo compitieron, sino que desafiaron el orden establecido, alcanzando una histórica sexta posición en la 2010-11. Nombres como Gabi Ocete, Paola Ferrari, Gisela Vega o Shay Murphy dejaron una huella imborrable y grabaron sus nombres en el parqué de Son Angelats antes de que graves dificultades derivadas de impagos en patrocinios institucionales y la crisis económica general, forzara un adiós prematuro y doloroso.

El proyecto Azulmarino Mallorca Palma comenzó a andar en la temporada 2019-20 en la que consiguió su ascenso a Liga Femenina 2. En estas primeras temporadas el club que le dio soporte fue el Club Sant Josep Obrer. Tras tres temporadas compitiendo en la Liga Femenina 2, en la 2022-23, ya con el patrocinio de Azulmarino Viajes, el club se clasificó para la fase final de ascenso, pero se quedó con las ganas al caer en el decisivo partido de semifinales contra el CB Almería.
Sin embargo, finalmente logró un acuerdo con el Tenerife La Laguna Clarinos, para intercambiar sus plazas y así ascender a la Liga Femenina Challenge. En la temporada siguiente debutó en la categoría de plata del baloncesto femenino, clasificándose para los play-offs de ascenso, aunque cayendo en la primera eliminatoria de cuartos de final. La Fundación Club Baloncesto Mallorca nació en la temporada 2024-25, sustituyendo al Club Sant Josep Obrer, ya con la denominación actual del equipo de Azulmarino Mallorca .
En su primera temporada en la Liga Femenina Challenge, consiguió de nuevo la clasificación para los playoffs de ascenso, cayendo en semifinales y consiguiendo el quinto puesto. Nombres como Alejandra Quirante, Iris Vennema, Gabi Ocete o Aya Traoré, entre otras muchas, ya forman parte de la historia de este proyecto.
La temporada 2025-26 no será recordada como un simple curso académico, sino como un asalto a los libros de historia. Bajo la dirección estratégica del entrenador Alberto Antuña, el Azulmarino no solo ha conseguido el ascenso directo, sino que ha triturado récords de longevidad competitiva y anotación.
La Vuelta Perfecta: El equipo firmó una primera vuelta inédita en la historia de la FEB: 15 victorias y 0 derrotas. Jamás se había visto tal hegemonía.
Poder Ofensivo Devastador: En febrero de 2026, el equipo dinamitó los registros al anotar 143 puntos en un único encuentro, consolidándose como la mejor ofensiva de la liga.
El técnico murciano ha logrado que un equipo lleno de estrellas juegue de forma coral (evidenciado en el reparto de los MVP), ha mantenido la tensión competitiva durante una racha de imbatibilidad sin precedentes y su rol como seleccionador de Sudán de Sur ha aportado un aura de profesionalismo y táctica avanzada.
El dominio se explica a través de nombres propios. Marta García y Adut Bulgak han tiranizado las zonas, liderando rankings de valoración, rebotes y tapones. La batuta de Carmen Grande en las asistencias y el acierto exterior de María España han sido los pilares de una plantilla donde el talento ha fluido sin egoísmos.
Detrás de la pizarra y el sudor, emerge la figura de Gabriel Subías (CEO de W2M). Su fe inquebrantable ha sido el motor de este proyecto. Donde otros habrían claudicado tras los golpes de temporadas anteriores, Subías redobló la apuesta, dotando al club del músculo financiero y la estructura profesional necesarios para acabar con la hegemonía peninsular. Aunque las cifras exactas son privadas, el Azulmarino ha manejado el presupuesto más alto de la LF Challenge, permitiéndose fichajes de nivel Liga Femenina Endesa.
Pero si hubo un movimiento que cambió el eje de rotación del baloncesto español, fue el regreso de la hija pródiga: Alba Torrens. Su fichaje el 13 de enero de 2026 no fue solo una incorporación; fue una declaración de intenciones. Una de las mejores jugadoras de la historia de Europa volvió a casa para engrasar la «máquina de ganar». Ha aportado liderazgo y experiencia, no únicamente puntos. Su capacidad para leer el juego y su mentalidad ganadora han contagiado al resto de la plantilla.
Su presencia ha obligado a las defensas rivales a cerrarse sobre ella, lo que ha liberado espacios críticos para las jugadoras interiores facilitando las valoraciones récord que el equipo ha cosechado. Su regreso a casa ha tenido consecuencias fuera de lo deportivo. La figura de la jugadora de Binissalem ha facilitado que otras marcas se interesen por el equipo, reforzando la sostenibilidad económica del club más allá del mecenazgo directo de Azul Marino Viajes.
El ascenso es el final de un camino, pero también el pistoletazo de salida para un desafío mayor. Una vez consumado el ascenso toca celebrarlo y, después de los merecidos reconocimientos, habrá que centrarse en la planificación del futuro en una de las ligas más potentes y exigentes de Europa. «El objetivo no es ser un equipo ascensor, sino consolidar una estructura que permita a las jugadoras de la isla soñar con la élite sin tener que irse fuera», comentaron voces cercanas al club.
El salto estructural es inmenso. Atraer nuevos patrocinadores de primer nivel será crítico para competir con trasatlánticos como Valencia Basket o Casademont Zaragoza. La categoría exige estándares de estructura de club superiores, con una profesionalización prácticamente total y absoluta. Habrá que evaluar qué jugadoras de la actual plantilla tienen «nivel Endesa». Mantener la identidad mallorquina es vital, pero la exigencia física y técnica de la máxima categoría obligará a buscar refuerzos diferenciales. La consolidación de una masa social importante es, seguramente, uno de los retos más exigentes a la hora de encarar la nueva temporada. Son Moix tiene que vestirse de azul cada quince días.
Mallorca ya no es solo un destino; es una plaza de guerra en la cumbre del baloncesto. El Azulmarino ha vuelto para quedarse, con el firme propósito de no solamente competir, sino de escribir el próximo capítulo dorado del deporte de la canasta balear. El cielo, por fin, vuelve a ser azul.
Diario de Mallorca – Deportes
