Europa se prepara para una crisis de suministro energético y de precios por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde transitan el 20% del petróleo y el gas para comercio mundial, y los ataques a las infraestructuras energéticas de los países del Golfo, que suministran gas natural licuado al Viejo Continente, están haciendo tambalearse a los mercados. Y ya se nota en el bolsillo de los consumidores europeos. El Ejecutivo comunitario, temeroso de que la guerra se alargue, analiza activar medidas extraordinarias como las que puso en marcha hace cuatro años por la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania, que forzó a Europa a desengancharse del gas ruso barato.
La UE planea resucitar las herramientas legales creadas tras la invasión rusa de Ucrania. La Comisión apunta a restricciones en el suministro energético y pide fomentar el teletrabajo para ahorrar
Europa se prepara para una crisis de suministro energético y de precios por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde transitan el 20% del petróleo y el gas para comercio mundial, y los ataques a las infraestructuras energéticas de los países del Golfo, que suministran gas natural licuado al Viejo Continente, están haciendo tambalearse a los mercados. Y ya se nota en el bolsillo de los consumidores europeos. El Ejecutivo comunitario, temeroso de que la guerra se alargue, analiza activar medidas extraordinarias como las que puso en marcha hace cuatro años por la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania, que forzó a Europa a desengancharse del gas ruso barato.
Ante una situación de gran incertidumbre y nuevas grietas en la seguridad energética de Europa, aún dependiente de las energías fósiles, la UE vuelve a apuntar a la agenda verde y las renovables, que había dejado de lado ante las presiones de la derecha, que afirma que lastra la competitividad. Y algunos, con la excusa de los problemas de suministro, están resucitando el debate sobre volver a comprar hidrocarburos al Kremlin. Mientras, Bruselas prepara una batería de medidas y apunta a fórmulas a corto plazo, como iniciativas de control de la temperatura de climatización, fomentar el teletrabajo o incluso imponer un racionamiento de combustible y la restricción de vuelos; e incluso a medio y largo plazo, como un tope a los precios, como hizo con el gas en 2022 o reactivar las compras conjuntas, apuntan fuentes comunitarias.
En Italia, Air BP Italia (filial de la petrolera británica BP) ha advertido a cuatro aeropuertos —los de Bolonia, Treviso, Venecia y Milán-Linate— de que podrían sufrir restricciones en el suministro de combustible para aviones debido a la escasez por parte de un operador clave. La compañía ha comunicado a las aerolíneas que vuelan a esos aeródromos que dará prioridad a los vuelos medicalizados y estatales, y los vuelos de más de tres horas, según informa la agencia Ansa.
Además, otros países han introducido ya medidas de emergencia, como Eslovenia, que ha limitado las compras de combustible debido a la escasez de fuel en las gasolineras, según el Gobierno. Las autoridades han impuesto un límite de 50 litros diarios para vehículos privados y 200 para empresas y agricultores, según anunció hace diez días el primer ministro esloveno, Robert Golob. El Gobierno asegura que la medida busca evitar que se acapare combustible y el repostaje transfronterizo.
La Comisión Europea asegura que, de momento, no hay riesgo para el suministro, como sí ocurrió cuando Europa trataba de librarse del gas ruso. Pero los mercados están sufriendo (y puede ir a más) el impacto del aumento del precio del barril de brent, que ha provocado incrementos de alrededor del 70% para el gas y del 60% para el petróleo en Europa. Desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, la factura de la UE por la importación de combustibles fósiles ha aumentado en 14.000 millones de euros, según estimaciones del Ejecutivo comunitario.
Bruselas ultima ya una batería de medidas para hacer frente a la posible crisis, como le encargaron los lideres de los Estados miembros en el último Consejo Europeo, de mediados de marzo. Será un conjunto de iniciativas cimentadas en las medidas extraordinarias implantadas por la invasión rusa a gran escala de Ucrania, que supuso un gran shock energético para Europa, señalan fuentes europeas.
Gas ruso barato
La interrupción en 2022 del gas ruso que el Kremlin usaba como palanca de presión, llevó a la UE a diversificar sus fuentes de suministro y mirar a nuevos mercados. Bruselas dictó otras normas, como la que obligó a un almacenamiento mínimo de gas del 80% de la capacidad de cada Estado miembro o la que limitó la temperatura de la calefacción y del aire acondicionado en los edificios públicos. Y preparó el terreno para dictar un racionamiento energético que diera prioridad a ciertas industrias y sectores vulnerables, que podría aplicar ahora.
En este contexto, no obstante, la situación es distinta, porque la UE tiene más proveedores, pero la inseguridad energética sigue siendo una vulnerabilidad. “Nuestra dependencia fósil de los países del Golfo es menor que la que teníamos de Rusia, pero hay herramientas que se pensaron para entonces y que pueden usarse ahora, como las restricciones de temperatura, que es probable que se apliquen”, señala el eurodiputado socialista Nicolás González Casares.
El martes, los ministros de Energía de los 27 Estados miembros de la UE se reunieron en Bruselas para tratar el asunto. Antes, el comisario europeo Dan Jorgensen les planteó una serie de iniciativas a corto plazo para promover el ahorro de combustibles y frenar el consumo. El responsable europeo se apoya en las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía: reducir los límites de velocidad en al menos 10 kilómetros por hora, incentivar el transporte público, promover el teletrabajo o impulsar los trenes de alta velocidad y los ferrocarriles nocturnos en lugar de los vuelos.
La incertidumbre sobre la guerra del estadounidense Donald Trump y el israelí Benjamin Netanyahu, sin embargo, es enorme. “Incluso si la paz llega mañana, no volveremos a la normalidad en un futuro previsible”, advirtió Jorgensen.
Agenda verde
En Bruselas se vuelve a hablar de energía y de medidas extraordinarias. Como en la crisis que generó la guerra de Rusia contra Ucrania. Aquella, apunta González Casares, dejó grandes lecciones que se pueden aplicar ahora. “Está claro que no vamos a encontrar energías fósiles, y los que nos venden fósiles no se están portando como buenos amigos”, dice el eurodiputado, que señala que los países más dependientes del gas se ven más afectados por el aumento de los precios de la electricidad.
Un estudio publicado la semana pasada por el Instituto Bruegel, uno de los centros de pensamiento económico de referencia en Bruselas, recuerda que los países que utilizan menos gas y generan su electricidad principalmente a partir de energías renovables, energía nuclear u otras opciones de generación y almacenamiento, se ven menos afectados por la relación entre el aumento de los precios del gas y la electricidad. Y pone el ejemplo de España, donde ha habido un rápido crecimiento de la energía eólica y solar.
Pero el golpe por la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz no solo afecta a la energía y los mercados energéticos a nivel global. Ya hay una preocupación seria por su impacto en el suministro de fertilizantes, algo que podría repercutir en las cosechas y derivar en una crisis alimentaria global. También el suministro de medicamentos puede verse afectado, según los expertos.
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