Hacia una banca más ágil: el plan para liberar 2,8 billones

Tras más de una década de reformas regulatorias destinadas a estabilizar el sistema financiero global tras la crisis de 2008, la banca europea ha alcanzado niveles de resiliencia sin precedentes. Sin embargo, esta solidez ha venido acompañada de una «complejidad burocrática» que, según un reciente informe de la Asociación para los Mercados Financieros en Europa (AFME), está lastrando la competitividad del continente y su capacidad para financiar las transiciones verde y digital.

El sistema actual se describe como un marco de «legado» excesivamente complejo, donde se han acumulado capas de requisitos de capital, supervisión y resolución a menudo duplicados. Mientras que en Estados Unidos el marco de capital operativo se compone de solo tres capas uniformes, un grupo bancario transfronterizo en la UE puede enfrentarse a hasta 86 requisitos distintos, dependiendo de los países en los que opere.

Esta «complejidad vertical y horizontal» genera ineficiencias costosas. Los datos de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) indican que los bancos de la UE mantienen ratios de capital Tier 1 del 17,7%, muy por encima de los niveles óptimos estimados por diversos estudios, situados entre el 10% y el 15%. AFME advierte de que superar estos niveles genera «rendimientos decrecientes», donde el beneficio de la protección adicional contra crisis ya no justifica el sacrificio en términos de crecimiento económico. Para solucionar este solapamiento, AFME propone una simplificación del marco en tres niveles o «capas» claras: mínimo obligatorio (Pilar 1), la base de seguridad común e inalterable para todos los bancos; protección macroprudencial, enfocada en riesgos sistémicos, y supervisión personalizada (microprudencial), que agrupa las exigencias específicas para cada banco según su riesgo individual. La innovación aquí es integrar el colchón de conservación de capital en este nivel para que sea realmente «usable» durante las crisis sin sanciones automáticas, emulando la flexibilidad estadounidense.

El impacto de esta reforma no sería solo administrativo. La asociación estima que su propuesta liberaría capital suficiente para generar aproximadamente 2,8 billones de euros en préstamos adicionales a la economía real. Asimismo, el coste de capital para los bancos de la UE se reduciría en unos 62 puntos básicos en promedio, siendo las entidades menos significativas (LSIs) las más beneficiadas con una caída de 132 puntos básicos.

Para asegurar que estas reglas sigan siendo eficaces, AFME propone crear un «Foro Bancario de la UE». Este organismo coordinaría a las autoridades micro y macroprudenciales para evaluar el impacto operativo y la demanda de capital de sus decisiones de forma holística, evitando que las capas de requisitos vuelvan a acumularse de forma inconsistente.

En conclusión, el informe sugiere que Europa no debe comprometer su resiliencia, pero sí «adaptar sus reglas» para que el sector bancario deje de ser un acumulador pasivo de capital y se convierta en el motor activo que la economía europea necesita para su transformación futura.

 La Asociación de los Mercados Financiero en Europa propone un marco simplicado  

Tras más de una década de reformas regulatorias destinadas a estabilizar el sistema financiero global tras la crisis de 2008, la banca europea ha alcanzado niveles de resiliencia sin precedentes. Sin embargo, esta solidez ha venido acompañada de una «complejidad burocrática» que, según un reciente informe de la Asociación para los Mercados Financieros en Europa (AFME), está lastrando la competitividad del continente y su capacidad para financiar las transiciones verde y digital.

El sistema actual se describe como un marco de «legado» excesivamente complejo, donde se han acumulado capas de requisitos de capital, supervisión y resolución a menudo duplicados. Mientras que en Estados Unidos el marco de capital operativo se compone de solo tres capas uniformes, un grupo bancario transfronterizo en la UE puede enfrentarse a hasta 86 requisitos distintos, dependiendo de los países en los que opere.

Esta «complejidad vertical y horizontal» genera ineficiencias costosas. Los datos de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) indican que los bancos de la UE mantienen ratios de capital Tier 1 del 17,7%, muy por encima de los niveles óptimos estimados por diversos estudios, situados entre el 10% y el 15%. AFME advierte de que superar estos niveles genera «rendimientos decrecientes», donde el beneficio de la protección adicional contra crisis ya no justifica el sacrificio en términos de crecimiento económico. Para solucionar este solapamiento, AFME propone una simplificación del marco en tres niveles o «capas» claras: mínimo obligatorio (Pilar 1), la base de seguridad común e inalterable para todos los bancos; protección macroprudencial, enfocada en riesgos sistémicos, y supervisión personalizada (microprudencial), que agrupa las exigencias específicas para cada banco según su riesgo individual. La innovación aquí es integrar el colchón de conservación de capital en este nivel para que sea realmente «usable» durante las crisis sin sanciones automáticas, emulando la flexibilidad estadounidense.

El impacto de esta reforma no sería solo administrativo. La asociación estima que su propuesta liberaría capital suficiente para generar aproximadamente 2,8 billones de euros en préstamos adicionales a la economía real. Asimismo, el coste de capital para los bancos de la UE se reduciría en unos 62 puntos básicos en promedio, siendo las entidades menos significativas (LSIs) las más beneficiadas con una caída de 132 puntos básicos.

Para asegurar que estas reglas sigan siendo eficaces, AFME propone crear un «Foro Bancario de la UE». Este organismo coordinaría a las autoridades micro y macroprudenciales para evaluar el impacto operativo y la demanda de capital de sus decisiones de forma holística, evitando que las capas de requisitos vuelvan a acumularse de forma inconsistente.

En conclusión, el informe sugiere que Europa no debe comprometer su resiliencia, pero sí «adaptar sus reglas» para que el sector bancario deje de ser un acumulador pasivo de capital y se convierta en el motor activo que la economía europea necesita para su transformación futura.

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