Los intérpretes de RTVE revelan por qué es tan difícil traducir a Trump: «Puede decir una cosa y la contraria»

En el corazón de Torrespaña, en una habitación pequeña y ajena a los focos, se libra cada día una batalla contra el tiempo y la imprecisión. Allí es donde Daniel Sánchez y Aida González transforman los discursos de líderes mundiales en palabras comprensibles para la audiencia española. Son intérpretes, una figura que RTVE ha querido poner en valor recientemente, revelando los entresijos de un oficio donde la rapidez mental es tan crucial como el dominio de los idiomas.

Para estos profesionales, el mayor desafío no es el vocabulario técnico, sino la imprevisibilidad. En este sentido, Donald Trump se lleva la palma. Daniel Sánchez es claro al respecto: el problema del expresidente no es su pronunciación, sino que su discurso es «bastante caótico».

En concreto, la labor de estos intérpretes se basa en reconstruir el sentido sobre la marcha, por lo que el caso del presidente de Estados Unidos, según señala Daniel, la dificultad es máxima porque «en una misma frase puede decir una cosa y la contraria», lo que obliga al intérprete a una agilidad mental extrema para no perder el hilo de la lógica del orador.

Por otro lado, Aida González recuerda como uno de sus momentos de mayor tensión profesional el encuentro entre Volodímir Zelenski y Trump en la Casa Blanca. Un escenario donde cualquier guion previo salta por los aires debido a los juegos de palabras y las referencias ambiguas.

Además de la pericia técnica, González pone sobre la mesa un debate ético inherente a su oficio como es la neutralidad. Aunque la profesionalidad es su máxima, reconoce que «es muy difícil ser 100% imparcial», ya que siempre existe un sesgo inconsciente que el intérprete debe vigilar de cerca para no alterar el mensaje original.

Pese a ser piezas fundamentales para que el espectador comprenda el mundo, estos profesionales lamentan el anonimato histórico de su labor. Aunque sienten que su reconocimiento ha crecido, todavía queda camino por recorrer. La petición de Aida es clara y directa para la industria televisiva: que sus nombres aparezcan en los créditos de los programas, otorgando firma y rostro a las voces que nos traducen la realidad cada día.

 

 Daniel Sánchez y Aida González han desvelado cómo es la labor del intérprete dentro de un medio de comunicación como el ente público  

En el corazón de Torrespaña, en una habitación pequeña y ajena a los focos, se libra cada día una batalla contra el tiempo y la imprecisión. Allí es donde Daniel Sánchez y Aida González transforman los discursos de líderes mundiales en palabras comprensibles para la audiencia española. Son intérpretes, una figura que RTVE ha querido poner en valor recientemente, revelando los entresijos de un oficio donde la rapidez mental es tan crucial como el dominio de los idiomas.

Para estos profesionales, el mayor desafío no es el vocabulario técnico, sino la imprevisibilidad. En este sentido, Donald Trump se lleva la palma. Daniel Sánchez es claro al respecto: el problema del expresidente no es su pronunciación, sino que su discurso es «bastante caótico».

En concreto, la labor de estos intérpretes se basa en reconstruir el sentido sobre la marcha, por lo que el caso del presidente de Estados Unidos, según señala Daniel, la dificultad es máxima porque «en una misma frase puede decir una cosa y la contraria», lo que obliga al intérprete a una agilidad mental extrema para no perder el hilo de la lógica del orador.

Por otro lado, Aida González recuerda como uno de sus momentos de mayor tensión profesional el encuentro entre Volodímir Zelenski y Trump en la Casa Blanca. Un escenario donde cualquier guion previo salta por los aires debido a los juegos de palabras y las referencias ambiguas.

Además de la pericia técnica, González pone sobre la mesa un debate ético inherente a su oficio como es la neutralidad. Aunque la profesionalidad es su máxima, reconoce que «es muy difícil ser 100% imparcial», ya que siempre existe un sesgo inconsciente que el intérprete debe vigilar de cerca para no alterar el mensaje original.

Pese a ser piezas fundamentales para que el espectador comprenda el mundo, estos profesionales lamentan el anonimato histórico de su labor. Aunque sienten que su reconocimiento ha crecido, todavía queda camino por recorrer. La petición de Aida es clara y directa para la industria televisiva: que sus nombres aparezcan en los créditos de los programas, otorgando firma y rostro a las voces que nos traducen la realidad cada día.

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