Mikaela Schiffrin pierde otra medalla y alimenta sus fantasmas en los Juegos

A sus 30 años, Mikaela Shiffrin estaba llamada a ser la gran protagonista de estos Juegos, con permiso de la maltrecha Lindsey Vonn. Llegaba con tres medallas olímpicas en su palmarés: dos oros (eslalon en Sochi 2014 y eslalon gigante en Pyeongchang 2018) y una plata (combinada en Pyeongchang 2018). Pero, sobre todo, aterrizaba perseguida por sus propios demonios que en Pekín 2022 le llevaron a desperdiciar hasta seis oportunidades de colgarse otra medalla. En Italia comparecía como favorita incontestable después de ganar siete de los ocho eslalons de la temporada en la Copa del Mundo, lo que la asegura el Globo de Cristal de la especialidad. A sus 30 años, Mikaela Shiffrin estaba llamada a ser la gran protagonista de estos Juegos, con permiso de la maltrecha Lindsey Vonn. Llegaba con tres medallas olímpicas en su palmarés: dos oros (eslalon en Sochi 2014 y eslalon gigante en Pyeongchang 2018) y una plata (combinada en Pyeongchang 2018). Pero, sobre todo, aterrizaba perseguida por sus propios demonios que en Pekín 2022 le llevaron a desperdiciar hasta seis oportunidades de colgarse otra medalla. En Italia comparecía como favorita incontestable después de ganar siete de los ocho eslalons de la temporada en la Copa del Mundo, lo que la asegura el Globo de Cristal de la especialidad.  

A sus 30 años, Mikaela Shiffrin estaba llamada a ser la gran protagonista de estos Juegos, con permiso de la maltrecha Lindsey Vonn. Llegaba con tres medallas olímpicas en su palmarés: dos oros (eslalon en Sochi 2014 y eslalon gigante en Pyeongchang 2018) y una plata (combinada en Pyeongchang 2018). Pero, sobre todo, aterrizaba perseguida por sus propios demonios que en Pekín 2022 le llevaron a desperdiciar hasta seis oportunidades de colgarse otra medalla. En Italia comparecía como favorita incontestable después de ganar siete de los ocho eslalons de la temporada en la Copa del Mundo, lo que la asegura el Globo de Cristal de la especialidad.

Pero de momento la estadounidense no es capaz de ahuyentar sus fantasmas. Este domingo desperdició otra oportunidad de colgarse su primera medalla en Cortina D’Ampezo en el eslalon gigante, donde volvió a fallar. La de Vail no se encontró cómoda en la primera manga, terminando séptima a más de un segundo de la italiana Federica Brignone, que bordó su primera bajada, colocándose líder y alejando a Shiffrin a la estadounidense (1.04:25), que seguía sin fluir en la bajada, sin ritmo, sin convicción. La alemana Lena Duerr y otra italiana, Sofía Goggia, completaban el podio al final de la primera manga.

La segunda manga estaba marcada por la entrenadora de Mikaela, lo que le daba cierta ventaja porque al ser más curvada se adaptaba mejor a las esquiadoras de descenso como Shiffrin. Pero la de Vail tampoco estuvo cómoda y paró el crono en 1.10:17, despidiéndose de la lucha por las medallas. El gigante le ha estado costando más esta temporada y esta mañana en Cortina no ha mostrado continuidad en las curvas. Otra oportunidad perdida por la estadounidense, que después de la primera manga dejaba claro que sigue sin sentirse cómoda en los Juegos. Finalmente, la medalla de oro fue para la ‘Tigresa’ Brignone, que se ha colgado el oro en gigante y súpergigante, seguida de la noruega Stjernesund y la sueca Héctor.

Pero Shiffrin, que ostenta el récord de triunfos con 108 victorias en la Copa del Mundo, agiganta su mal fario en las citas olímpicas. El pasado martes participó junto a su compatriota Breezy Johnson, campeona olímpica y del mundo de descenso, en la combinada femenina por equipos, nueva modalidad en los Juegos. Johnson, que estaba exultante tras colgarse el oro en el descenso en el que se cayó Lindsey Vonn, hizo su trabajo realizando el mejor crono en el descenso.

En menos de un segundo había ocho equipos, con Austria a seis centésimas y Alemania a 27. Ni siquiera le inquietaba Camille Rast, la única rival que ha batido esta temporada a Shiffrin en eslalon, porque un serio error de su compañera Corinne Suter dejaba a las helvéticas a 1.51. Pero Shiffrin protagonizó otro descenso sucio, poco fluido, enganchándose con alguna puerta y en el que el color rojo predominó sobre un verde que no apareció en ningún momento en su bajada. Y cuando cruzó la meta firmó ¡el decimoquinto tiempo! Lo que dejó a las estadounidenses cuartas y completó el séptimo fiasco consecutivo de la archifavorita en unos Juegos Olímpicos. «No me he sentido cómoda. Tendré que aprender qué hacer, a qué adaptarme en el poco tiempo que tenemos antes de las otras carreras técnicas. Siempre hay algo que aprender», declaró al final.

¿Qué razones puede esconder esa pérdida de competitividad repentina? Claramente es un problema mental. Y hay quien señala que tiene que ver con el accidente que sufrió el 30 de noviembre de 2024, durante la Copa Killington, donde Shiffrin buscaba su victoria número 100 en la Copa del Mundo. Shiffrin, que iba en cabeza tras la primera manga del eslalon gigante, perdió el control de su esquí exterior a cinco puertas de la meta. Mikaela chocó contra una puerta, cayó. se enredó contra otra y se detuvo estrepitosamente en la valla de seguridad tras una violentísima caída.

Shiffrin sufrió una herida punzante de cinco centímetros cerca de la cadera, que, según reveló posteriormente, no alcanzó el colon por un milímetro. Herida que le habría causado graves daños internos. «Recuperarme física y mentalmente ha sido todo un proceso, mucho más de lo que esperaba. Tenía muchos síntomas de TEPT (trastorno de estrés postraumático)», confesó la esquiadora. Así, lo ‘flashbacks’ sobre la caída y los «pensamientos intrusivos» aparecieron en sus primeros entrenamientos y carreras. Trabajó con una psicóloga para asumir un «trauma acumulativo», porque a la caída en Killington su sumaba otro grave accidente de su prometido, el esquiador noruego Aleksander Aamodt Kilde, en enero de 2024. Shiffrin describió aquella situación como la «tormenta perfecta».

Durante su carrera, que abarca más de una década, Shiffrin ha sorteado las lesiones graves, más allá de alguna lesión de rodilla que no necesitó cirugía. Con cinco títulos de la Copa del Mundo, dos oros olímpicos, una plata y siete títulos de campeonato mundial, Shiffrin acudía a Cortina a cerrar el círculo con otros oros olímpicos y superar el mal trago de Pekín. Allí Mikaela quedó 18ª en el descenso libre, fuera del podio en slalom gigante y abandonó en la combinada alpina. La esquiadora denunció una oleada de insultos y los expuso ante sus seguidores realizando un alegato en favor de la salud mental. Simone Biles la apoyó y Mikaela reivindicó en sus redes este mensaje: «Levántate porque puedes, porque te gusta lo que haces cuando no está infestado de la gente que tiene tanto ocio hacia ti. Solo levántate. No siempre es fácil, pero tampoco es el fin del mundo fallar. Fallar dos veces. Fallar cinco veces. En las olimpiadas».

Shiffrin se había tomado muchas molestias para redimirse en suelo italiano. Había estudiado y esquiado hasta el último rincón de Tofana Schuss, donde está compitiendo. Pero una vez más su peor rival vuelve a ser ella misma. Mikaela, tras desperdiciar sus dos primeras oportunidades lo fiará todo a su última bala, el eslalon del próximo miércoles 18 de febrero, que cierra las competiciones alpinas femeninas en Cortina y, probablemente, su trayectoria en unos Juegos Olímpicos. La duda es si conseguirá exorcizar sus fantasmas y terminar con una medalla colgada del cuello o su leyenda negra en los Juegos seguirá persiguiéndola.

 Diario de Mallorca – Deportes

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