El
tribunal de Forlì ha dado la razón a Cristina Olivi, una trabajadora de
Cesena que fue despedida en 2023 después de que la empresa para la que
había trabajado durante 19 años contratase a investigadores privados
para vigilarla durante su período de excedencia.
Los detectives
elaboraron un informe en el que señalaban que, en tres jornadas
distintas, la mujer había acudido a la playa y pasado allí varias horas.
La compañía consideró que esto suponía un incumplimiento de las
condiciones del permiso, solicitado al amparo de la ley 104 de 1992, que
regula las licencias extraordinarias para el cuidado de familiares
dependientes, y procedió a notificarle el despido por carta en su
domicilio.
Sin embargo,
la sentencia emitida a finales de enero ha dado la vuelta a la situación. La magistrada encargada del caso ha declarado el despido
improcedente, ha ordenado la readmisión de la trabajadora, ha reconocido
una indemnización por daños que asciende a 30.000 euros y ha condenado a
la empresa al pago de las costas judiciales.
Olivi, que desempeñaba
tareas de montaje como operaria desde 2004, explicó que su madre, de 87
años y diagnosticada de Alzheimer, convive con ella y con su hermano,
por lo que solicitó el permiso en el verano de 2023 para poder atenderla
adecuadamente.
La necesidad de desconexión del cuidador, clave en el fallo
La
mujer relató que, tras recibir la notificación del despido, contactó
inmediatamente con el sindicato y mantuvo una reunión con los directivos
de la empresa. «Nos reunimos con los directivos de la empresa. En la
reunión me dijeron que tenían razón y que no habrían contratado a un
investigador si no fuera necesario. Según ellos, el despido era justo. A
pesar de las garantías del sindicalista, finalmente me echaron«,
declaró.
Durante el proceso, Olivi defendió que sus desplazamientos a la
playa respondían a una necesidad de desconexión en una situación de
gran desgaste emocional y físico. «Cuidar a diario a una persona mayor
con Alzheimer, y además a tu madre, no es fácil para nadie. La jueza
reconoció precisamente esa necesidad en la sentencia. Vivo en Cesena e
iba al mar en scooter para reducir los tiempos de desplazamiento y
moverme mejor por el tráfico«, añadió.
La
resolución judicial subraya que acudir al mar durante unas horas no
implica un abandono de las responsabilidades de cuidado ni desvirtúa la
finalidad del permiso, y reconoce el derecho de la persona cuidadora a
disponer de momentos de descanso dentro de una situación de dedicación
continuada a un familiar dependiente.
Una jueza italiana declara improcedente el despido de una mujer de 57 años a la que su empresa despidió tras ser vista en la playa durante unas horas mientras disfrutaba de un permiso retribuido para atender a su progenitora enferma
El tribunal de Forlì ha dado la razón a Cristina Olivi, una trabajadora de Cesena que fue despedida en 2023 después de que la empresa para la que había trabajado durante 19 años contratase a investigadores privados para vigilarla durante su período de excedencia.
Los detectives elaboraron un informe en el que señalaban que, en tres jornadas distintas, la mujer había acudido a la playa y pasado allí varias horas. La compañía consideró que esto suponía un incumplimiento de las condiciones del permiso, solicitado al amparo de la ley 104 de 1992, que regula las licencias extraordinarias para el cuidado de familiares dependientes, y procedió a notificarle el despido por carta en su domicilio.
Sin embargo, la sentencia emitida a finales de enero ha dado la vuelta a la situación. La magistrada encargada del caso ha declarado el despido improcedente, ha ordenado la readmisión de la trabajadora, ha reconocido una indemnización por daños que asciende a 30.000 euros y ha condenado a la empresa al pago de las costas judiciales.
Olivi, que desempeñaba tareas de montaje como operaria desde 2004, explicó que su madre, de 87 años y diagnosticada de Alzheimer, convive con ella y con su hermano, por lo que solicitó el permiso en el verano de 2023 para poder atenderla adecuadamente.
La mujer relató que, tras recibir la notificación del despido, contactó inmediatamente con el sindicato y mantuvo una reunión con los directivos de la empresa. «Nos reunimos con los directivos de la empresa. En la reunión me dijeron que tenían razón y que no habrían contratado a un investigador si no fuera necesario. Según ellos, el despido era justo. A pesar de las garantías del sindicalista, finalmente me echaron«, declaró.
Durante el proceso, Olivi defendió que sus desplazamientos a la playa respondían a una necesidad de desconexión en una situación de gran desgaste emocional y físico. «Cuidar a diario a una persona mayor con Alzheimer, y además a tu madre, no es fácil para nadie. La jueza reconoció precisamente esa necesidad en la sentencia. Vivo en Cesena e iba al mar en scooter para reducir los tiempos de desplazamiento y moverme mejor por el tráfico«, añadió.
La resolución judicial subraya que acudir al mar durante unas horas no implica un abandono de las responsabilidades de cuidado ni desvirtúa la finalidad del permiso, y reconoce el derecho de la persona cuidadora a disponer de momentos de descanso dentro de una situación de dedicación continuada a un familiar dependiente.
Noticias de Economía Nacional e Internacional en La Razón
