El nuevo gobierno de Países Bajos, formado por liberales y fuerzas de centroderecha, ha situado la energía nuclear y la electrificación de la economía en el centro de su estrategia energética. El acuerdo de coalición, que permitirá la formación de un Ejecutivo en minoría liderado por D66 -partido del futuro primer ministro Rob Jetten– junto al VVD y el CDA, recoge una hoja de ruta destinada a garantizar la independencia energética del país y acelerar la transición hacia un modelo más sostenible.
Uno de los pilares del programa es la apuesta decidida por la electrificación como principal vía para descarbonizar la industria. El documento subraya un «compromiso total con la electrificación», considerada esencial para avanzar hacia una economía más limpia y competitiva.
Sin embargo, el gobierno holandés reconoce que el actual sistema eléctrico afronta importantes limitaciones derivadas de la congestión de la red, un problema que ya está frenando la transición energética de numerosas empresas.
Para afrontar esta situación, la coalición prevé aprobar una Ley de Crisis sobre la Congestión de la Red que permitirá agilizar los procedimientos de autorización para nuevas conexiones eléctricas. Además, el Ejecutivo contempla la posibilidad de intervenir directamente en aquellos proyectos de infraestructuras energéticas cuya construcción o instalación sufra bloqueos.
El acuerdo también incluye medidas dirigidas a acelerar el abandono de los combustibles fósiles. Entre ellas, destaca el compromiso de eliminar progresivamente los incentivos financieros a estas fuentes energéticas y adoptar iniciativas destinadas a reducir el coste de la electricidad para hogares e industrias. En paralelo, el Ejecutivo reafirma el cierre definitivo del yacimiento de gas de Groningen y descarta conceder nuevos permisos de extracción en la zona del mar de Wadden.
La energía nuclear emerge como otro de los ejes estratégicos del nuevo plan energético neerlandés. El acuerdo defiende el fortalecimiento del clúster nuclear nacional, el impulso de innovaciones nucleares aplicadas al ámbito marítimo y el desarrollo acelerado de reactores modulares pequeños (SMR), considerados una alternativa flexible y complementaria a las centrales tradicionales.
En concreto, el gobierno confirma la construcción de al menos cuatro nuevas centrales nucleares, que podrían adoptar tanto el formato convencional como el de SMR, en función de los acuerdos alcanzados con las autoridades regionales y los polos industriales implicados.
El giro estratégico hacia la energía nuclear se produce en un contexto de creciente debate europeo sobre el papel de esta tecnología en la transición energética. En este sentido, el primer ministro belga, Bart De Wever, ha llegado a calificar el rechazo a la energía nuclear en Europa como «la estupidez del siglo», reflejando el cambio de percepción que comienza a extenderse en algunos países del continente ante los retos de seguridad energética y reducción de emisiones.
El nuevo gobierno apuesta por construir al menos cuatro nuevas centrales
El nuevo gobierno de Países Bajos, formado por liberales y fuerzas de centroderecha, ha situado la energía nuclear y la electrificación de la economía en el centro de su estrategia energética. El acuerdo de coalición, que permitirá la formación de un Ejecutivo en minoría liderado por D66 -partido del futuro primer ministro Rob Jetten– junto al VVD y el CDA, recoge una hoja de ruta destinada a garantizar la independencia energética del país y acelerar la transición hacia un modelo más sostenible.
Uno de los pilares del programa es la apuesta decidida por la electrificación como principal vía para descarbonizar la industria. El documento subraya un «compromiso total con la electrificación», considerada esencial para avanzar hacia una economía más limpia y competitiva.
Sin embargo, el gobierno holandés reconoce que el actual sistema eléctrico afronta importantes limitaciones derivadas de la congestión de la red, un problema que ya está frenando la transición energética de numerosas empresas.
Para afrontar esta situación, la coalición prevé aprobar una Ley de Crisis sobre la Congestión de la Red que permitirá agilizar los procedimientos de autorización para nuevas conexiones eléctricas. Además, el Ejecutivo contempla la posibilidad de intervenir directamente en aquellos proyectos de infraestructuras energéticas cuya construcción o instalación sufra bloqueos.
El acuerdo también incluye medidas dirigidas a acelerar el abandono de los combustibles fósiles. Entre ellas, destaca el compromiso de eliminar progresivamente los incentivos financieros a estas fuentes energéticas y adoptar iniciativas destinadas a reducir el coste de la electricidad para hogares e industrias. En paralelo, el Ejecutivo reafirma el cierre definitivo del yacimiento de gas de Groningen y descarta conceder nuevos permisos de extracción en la zona del mar de Wadden.
La energía nuclear emerge como otro de los ejes estratégicos del nuevo plan energético neerlandés. El acuerdo defiende el fortalecimiento del clúster nuclear nacional, el impulso de innovaciones nucleares aplicadas al ámbito marítimo y el desarrollo acelerado de reactores modulares pequeños (SMR), considerados una alternativa flexible y complementaria a las centrales tradicionales.
En concreto, el gobierno confirma la construcción de al menos cuatro nuevas centrales nucleares, que podrían adoptar tanto el formato convencional como el de SMR, en función de los acuerdos alcanzados con las autoridades regionales y los polos industriales implicados.
El giro estratégico hacia la energía nuclear se produce en un contexto de creciente debate europeo sobre el papel de esta tecnología en la transición energética. En este sentido, el primer ministro belga, Bart De Wever, ha llegado a calificar el rechazo a la energía nuclear en Europa como «la estupidez del siglo», reflejando el cambio de percepción que comienza a extenderse en algunos países del continente ante los retos de seguridad energética y reducción de emisiones.
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