El investigador principal del estudio y director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche, Eduardo Fernández Jover, explicó que «como en todos los ensayos, el objetivo era generar percepciones visuales artificiales mediante la estimulación directa del cerebro, no restaurar la visión natural» Leer El investigador principal del estudio y director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche, Eduardo Fernández Jover, explicó que «como en todos los ensayos, el objetivo era generar percepciones visuales artificiales mediante la estimulación directa del cerebro, no restaurar la visión natural» Leer
Una persona con ceguera total causada por un daño irreversible en el nervio óptico recuperó parcialmente la visión natural tras participar en un ensayo clínico de estimulación eléctrica de la corteza visual, realizado por investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) y del consorcio Ciber en Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (Ciber-BBN).
Según informó el centro universitario este martes, el caso, observado en el marco de un estudio diseñado para evaluar la seguridad y la viabilidad de una prótesis visual cortical, sorprendió a los investigadores al mostrar una mejora visual espontánea, sostenida en el tiempo e independiente del implante.
El laboratorio de Neuroingeniería Biomédica de la UMH realizó hasta la fecha cuatro ensayos clínicos con personas voluntarias ciegas. En este contexto, los científicos identificaron un fenómeno tan excepcional como inesperado: uno de los participantes, ciego durante más de tres años, comenzó a recuperar de forma progresiva parte de su visión natural tras iniciar la estimulación eléctrica directa de su corteza cerebral.
A este respecto, el investigador principal del estudio y director del Instituto de Bioingeniería de la UMH, Eduardo Fernández Jover, explicó que «como en todos los ensayos, el objetivo era generar percepciones visuales artificiales mediante la estimulación directa del cerebro, no restaurar la visión natural».
El hecho de que uno de los participantes experimentara una mejora medible y sostenida de su visión «sugiere la posible influencia de factores individuales aún por determinar». Este caso se publicó en la revista ‘Brain Communications’.
Por su parte, la neuróloga del Hospital de la Vega Baja de Orihuela y miembro del grupo NBio de la UMH, Arantxa Alfaro Sáez, señaló que «aunque se han descrito algunos casos de recuperación de la visión en pacientes con daño severo del nervio óptico, estos siempre se han producido en los primeros meses tras la lesión, por lo que resulta muy inusual que pueda ocurrir después de tanto tiempo».
«El procedimiento consistió en la implantación quirúrgica de una matriz intracortical de 100 microelectrodos en la corteza visual primaria, la región del cerebro encargada de procesar la información visual», destacó Alfaro. A través de esta matriz, los investigadores aplicaron patrones de estimulación eléctrica controlados para generar percepciones visuales artificiales, conocidas como fosfenos.
Dos días después de la cirugía, mientras aún estaba hospitalizado, el paciente informó que empezaba a percibir luces y movimientos frente a él. «Apenas habíamos empezado a estimular su corteza visual para, digamos, calibrar el sistema», relató Alfaro, «pero empezamos a gesticularle y el paciente fue capaz de describir correctamente la posición de nuestros brazos; sabía dónde estábamos las personas a su alrededor».
El paciente lo describió como una sombra en movimiento: su primera percepción visual natural años después de haber quedado completamente ciego.
Durante los meses siguientes, el paciente siguió una rutina diaria de entrenamiento visual, con al menos 30 minutos de ejercicios estandarizados. Estas pruebas incluían tareas de complejidad creciente para evaluar la percepción de la luz, la localización espacial, el movimiento, la agudeza visual y la sensibilidad al contraste, así como actividades de búsqueda, identificación y seguimiento de objetos, formas, letras y números.
La investigadora de la UMH, Leili Soo, también primera autora del estudio, subrayó que este entrenamiento, junto con la motivación del propio participante, pudo desempeñar un papel relevante en la recuperación parcial de su visión natural. La mejora visual persistió incluso después de la retirada quirúrgica del implante intracortical.
«Los potenciales visuales evocados, que son las señales eléctricas que el cerebro genera en respuesta a estímulos visuales y que nos indican si la información llega correctamente desde la retina, estaban prácticamente ausentes en este participante antes de comenzar el estudio», aseguró Soo.
Sin embargo, estas señales fueron reapareciendo y mejorando de forma progresiva a lo largo del tiempo, lo que confirmaba una recuperación real y medible.
En conjunto, el voluntario mostró una mejora significativa de la agudeza visual y un aumento notable de su autonomía. De hecho, fue capaz de identificar formas y letras de manera consistente, mejorar la coordinación al agarrar objetos y ganar confianza en su movilidad cotidiana. El propio paciente indicó que la visión recuperada le permitía desenvolverse con mayor seguridad en su vida diaria.
Estos resultados podrían ayudar a desarrollar nuevas aproximaciones terapéuticas para la rehabilitación de la función visual en personas con lesiones severas de las vías visuales, o incluso en otros tipos de lesiones cerebrales, mediante técnicas no invasivas como, por ejemplo, la estimulación eléctrica transcraneal, destacó el profesor Eduardo Fernández.
En cualquier caso, remarcó que «estos hallazgos sólo se han producido en uno de nuestros participantes lo que sugiere que es posible que existan características únicas en este participante que han podido contribuir a estos resultados».
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