Economía sénior, un desafío lleno de oportunidades

Es un hecho, vivimos más y mejor que nunca. Según la Organización Mundial de la Salud, por primera vez en la historia, las personas de 60 años o más superan en número a los menores de cinco, y en 2050 los mayores de 65 duplicarán a los niños. España ya cuenta con cerca de diez millones de ciudadanos sénior, una cifra que podría representar el 30% de la población en 2055. Somos un país privilegiado para la longevidad gracias a nuestro elevado nivel de calidad de vida, pero esta realidad demográfica no solo transforma nuestro modelo social, está redefiniendo también nuestra economía.

La denominada Silver Economy – o economía sénior – es un ecosistema que engloba actividades, productos y servicios dirigidos a esta población, y que ya mueve miles de millones. Porque no estamos hablando de un colectivo dependiente o pasivo, todo lo contrario, se trata de una generación que ha alcanzado la madurez con más salud, mayor nivel adquisitivo y una clara decisión de invertir en su bienestar. De hecho, los nuevos jubilados en España cuentan con pensiones medias superiores al salario más frecuente del país, y gastan más que la media. Su capacidad de compra está reconfigurando sectores enteros como la salud, el financiero, el turismo, la tecnología o la vivienda. Así que, parece lógico que quien no aprecie esta realidad puede estar desaprovechando oportunidades tangibles.

Pero la economía sénior no se limita al consumo. En un mercado laboral tensionado, con unas tasas elevadas de movilidad y escasez de determinados profesionales, son todavía pocas las empresas que están aprovechando el talento sénior. Quienes lo hacen, valoran unos perfiles con experiencia, madurez y una fidelidad a la empresa que es difícil de encontrar. Sin embargo, el edadismo continúa expulsando del mercado a millones de profesionales que podrían seguir aportando valor. Y España es un ejemplo evidente: somos el país con mayor tasa de desempleo entre mayores de 50 años en la Unión Europea.

Se precisa de un compromiso conjunto de las empresas y las administraciones por atraer al mercado laborar a unos perfiles muy valiosos que además generarían solidez a esa economía sénior que tan dinámica está demostrando ser. Porque una sociedad que se aleja de quienes más saben está renunciando a parte de su competitividad. La diversidad generacional en las empresas no es solo una cuestión ética, sino una necesidad estratégica. Los equipos intergeneracionales son más innovadores, más estables y más capaces de afrontar retos complejos. Y además conectan mejor con una sociedad que también es diversa.

Sin embargo, el dinamismo de la economía sénior y las posibilidades que ofrecen se enfrentan a un reto de envergadura, el de la sostenibilidad financiera. Una situación que debería preocuparnos ya que una longevidad activa y saludable necesita apoyarse en cimientos económicos sólidos.

Nuestro informe “Longevidad: ¿estamos preparados para una vida feliz, larga y saludable?” alerta sobre una paradoja que no deberíamos pasar por alto. Aunque el 66% de los españoles mantiene una visión positiva sobre la jubilación y el 70% la imagina como una etapa de bienestar y libertad, el 82% no ahorra lo suficiente para mantener su nivel de vida y apenas un 22% sabe cuánto necesitaría realmente para hacerlo. Además, el 83% no planifica a largo plazo, lo que evidencia un déficit crónico de educación financiera y una falta de estrategias personales para afrontar una longevidad que ya está aquí.

Por ello, una vida más larga exige una planificación más profunda. Solo el 36% de los españoles tiene planes financieros personales y apenas un 20% complementa su jubilación con planes de pensiones, mientras que la edad media de inicio del ahorro se sitúa en los 37 años. Pero también muestra que la inseguridad financiera es una de las principales amenazas para la tranquilidad en esta etapa vital. El 34% no confía en su estabilidad económica futura y solo un 26% se siente seguro respecto a sus finanzas.

Una vida más larga exige una planificación más profunda

El desafío de la longevidad demanda, por tanto, un replanteamiento integral de nuestro modelo económico. Desde la promoción de políticas activas de empleo para mayores de 50 años hasta el diseño de productos financieros adaptados, pasando por un impulso de la educación financiera que permita a los ciudadanos planificar su futuro con autonomía. También exige un nuevo enfoque en sectores clave, como la sanidad, cada vez más digital y personalizada; la vivienda, con soluciones como el cohousing o los modelos asistidos, o el ocio, desde el turismo hasta el deporte sénior, que ya están evolucionando para responder a esta nueva realidad.

No podemos olvidar, tampoco, que la longevidad no es solo una cuestión económica, sino que tiene también un fuerte componente emocional. Nuestro informe revela que el bienestar mental en España alcanza un notable 7,1 sobre 10, impulsado por el apoyo social y el bienestar emocional. Pero hemos de continuar trabajando para mantener e incrementar estos valores ante un futuro que no va a estar exento de incertidumbres.

Desde Nationale-Nederlanden creemos que la longevidad debe abordarse como un proyecto de país. Un proyecto que reconozca el potencial de la economía sénior, que combata el edadismo, que refuerce la educación financiera y que acompañe a las personas en todo su ciclo vital con soluciones integrales y accesibles. No se trata solo de vivir más. Se trata de vivir mejor, con autonomía y con seguridad.

En este sentido, España está en un momento decisivo. La generación que hoy supera los 60 años no es una carga, es un motor económico, social y cultural. Una fuente de talento, de consumo y de dinamismo que puede impulsar nuestro desarrollo durante las próximas décadas. Pero para aprovechar esta oportunidad debemos actuar desde ya, tendiendo puentes entre expectativas y preparación, entre optimismo y planificación, entre longevidad y sostenibilidad. Porque la longevidad no es un desafío. Es, sobre todo, una enorme oportunidad. Y está en nuestras manos aprovecharla.

Rocío Salas es directora de Calidad y Satisfacción de Cliente en
Nationale-Nederlanden

 Aunque vivimos más y mejor, la mayoría de españoles no ahorra lo suficiente para cuando llegue a su jubilación  

Es un hecho, vivimos más y mejor que nunca. Según la Organización Mundial de la Salud, por primera vez en la historia, las personas de 60 años o más superan en número a los menores de cinco, y en 2050 los mayores de 65 duplicarán a los niños. España ya cuenta con cerca de diez millones de ciudadanos sénior, una cifra que podría representar el 30% de la población en 2055. Somos un país privilegiado para la longevidad gracias a nuestro elevado nivel de calidad de vida, pero esta realidad demográfica no solo transforma nuestro modelo social, está redefiniendo también nuestra economía.

La denominada Silver Economy – o economía sénior – es un ecosistema que engloba actividades, productos y servicios dirigidos a esta población, y que ya mueve miles de millones. Porque no estamos hablando de un colectivo dependiente o pasivo, todo lo contrario, se trata de una generación que ha alcanzado la madurez con más salud, mayor nivel adquisitivo y una clara decisión de invertir en su bienestar. De hecho, los nuevos jubilados en España cuentan con pensiones medias superiores al salario más frecuente del país, y gastan más que la media. Su capacidad de compra está reconfigurando sectores enteros como la salud, el financiero, el turismo, la tecnología o la vivienda. Así que, parece lógico que quien no aprecie esta realidad puede estar desaprovechando oportunidades tangibles.

Economía/Finanzas.- El patrimonio de los planes de pensiones roza los 100.000 millones tras sumar 4.000 millones en 2025

Pero la economía sénior no se limita al consumo. En un mercado laboral tensionado, con unas tasas elevadas de movilidad y escasez de determinados profesionales, son todavía pocas las empresas que están aprovechando el talento sénior. Quienes lo hacen, valoran unos perfiles con experiencia, madurez y una fidelidad a la empresa que es difícil de encontrar. Sin embargo, el edadismo continúa expulsando del mercado a millones de profesionales que podrían seguir aportando valor. Y España es un ejemplo evidente: somos el país con mayor tasa de desempleo entre mayores de 50 años en la Unión Europea.

Se precisa de un compromiso conjunto de las empresas y las administraciones por atraer al mercado laborar a unos perfiles muy valiosos que además generarían solidez a esa economía sénior que tan dinámica está demostrando ser. Porque una sociedad que se aleja de quienes más saben está renunciando a parte de su competitividad. La diversidad generacional en las empresas no es solo una cuestión ética, sino una necesidad estratégica. Los equipos intergeneracionales son más innovadores, más estables y más capaces de afrontar retos complejos. Y además conectan mejor con una sociedad que también es diversa.

Sin embargo, el dinamismo de la economía sénior y las posibilidades que ofrecen se enfrentan a un reto de envergadura, el de la sostenibilidad financiera. Una situación que debería preocuparnos ya que una longevidad activa y saludable necesita apoyarse en cimientos económicos sólidos.

España suma 220 jubilados al día, uno cada 7 minutos, con grandes contrastes territoriales

Nuestro informe “Longevidad: ¿estamos preparados para una vida feliz, larga y saludable?” alerta sobre una paradoja que no deberíamos pasar por alto. Aunque el 66% de los españoles mantiene una visión positiva sobre la jubilación y el 70% la imagina como una etapa de bienestar y libertad, el 82% no ahorra lo suficiente para mantener su nivel de vida y apenas un 22% sabe cuánto necesitaría realmente para hacerlo. Además, el 83% no planifica a largo plazo, lo que evidencia un déficit crónico de educación financiera y una falta de estrategias personales para afrontar una longevidad que ya está aquí.

Por ello, una vida más larga exige una planificación más profunda. Solo el 36% de los españoles tiene planes financieros personales y apenas un 20% complementa su jubilación con planes de pensiones, mientras que la edad media de inicio del ahorro se sitúa en los 37 años. Pero también muestra que la inseguridad financiera es una de las principales amenazas para la tranquilidad en esta etapa vital. El 34% no confía en su estabilidad económica futura y solo un 26% se siente seguro respecto a sus finanzas.

Una vida más larga exige una planificación más profunda

El desafío de la longevidad demanda, por tanto, un replanteamiento integral de nuestro modelo económico. Desde la promoción de políticas activas de empleo para mayores de 50 años hasta el diseño de productos financieros adaptados, pasando por un impulso de la educación financiera que permita a los ciudadanos planificar su futuro con autonomía. También exige un nuevo enfoque en sectores clave, como la sanidad, cada vez más digital y personalizada; la vivienda, con soluciones como el cohousing o los modelos asistidos, o el ocio, desde el turismo hasta el deporte sénior, que ya están evolucionando para responder a esta nueva realidad.

No podemos olvidar, tampoco, que la longevidad no es solo una cuestión económica, sino que tiene también un fuerte componente emocional. Nuestro informe revela que el bienestar mental en España alcanza un notable 7,1 sobre 10, impulsado por el apoyo social y el bienestar emocional. Pero hemos de continuar trabajando para mantener e incrementar estos valores ante un futuro que no va a estar exento de incertidumbres.

Desde Nationale-Nederlanden creemos que la longevidad debe abordarse como un proyecto de país. Un proyecto que reconozca el potencial de la economía sénior, que combata el edadismo, que refuerce la educación financiera y que acompañe a las personas en todo su ciclo vital con soluciones integrales y accesibles. No se trata solo de vivir más. Se trata de vivir mejor, con autonomía y con seguridad.

En este sentido, España está en un momento decisivo. La generación que hoy supera los 60 años no es una carga, es un motor económico, social y cultural. Una fuente de talento, de consumo y de dinamismo que puede impulsar nuestro desarrollo durante las próximas décadas. Pero para aprovechar esta oportunidad debemos actuar desde ya, tendiendo puentes entre expectativas y preparación, entre optimismo y planificación, entre longevidad y sostenibilidad. Porque la longevidad no es un desafío. Es, sobre todo, una enorme oportunidad. Y está en nuestras manos aprovecharla.

Rocío Salas es directora de Calidad y Satisfacción de Cliente en Nationale-Nederlanden

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