Visto el 3‑2 entre Mallorca y Athletic, una victoria agónica como pocas, cuesta no pensar que Sant Antoni —y algún otro santo de guardia— tuvieron que arrimar el hombro para asegurar tres puntos que alivian el estado de pánico en el que había caído la afición. El mallorquinismo, desde hoy, añade dos nombres a su particular santoral: san Muriqi y san Leo Román. Visto el 3‑2 entre Mallorca y Athletic, una victoria agónica como pocas, cuesta no pensar que Sant Antoni —y algún otro santo de guardia— tuvieron que arrimar el hombro para asegurar tres puntos que alivian el estado de pánico en el que había caído la afición. El mallorquinismo, desde hoy, añade dos nombres a su particular santoral: san Muriqi y san Leo Román.
Visto el 3‑2 entre Mallorca y Athletic, una victoria agónica como pocas, cuesta no pensar que Sant Antoni —y algún otro santo de guardia— tuvieron que arrimar el hombro para asegurar tres puntos que alivian el estado de pánico en el que había caído la afición. El mallorquinismo, desde hoy, añade dos nombres a su particular santoral: san Muriqi y san Leo Román.
Para quien no haya visto el partido, la influencia del kosovar salta a la vista con solo mirar la ficha: tres goles, un hat-trick que ningún delantero bermellón lograba desde los tiempos del pichichi Güiza, y que deja a Muriqi a un paso de convertirse en el máximo goleador del Mallorca en Primera. Sus cifras, que lo sitúan solo por detrás de Mbappé en aportación goleadora, hablan por sí solas. Y no es solo cuestión de marcar: también descargó balones, ganó duelos imposibles y despejó en su propia área en cada balón parado.
Lo de Leo Román es más difícil de explicar sin haber sufrido los 119 minutos de partido. Porque sí, encajó dos goles, pero también sacó cuatro balones de gol cantado, de esos que ya estás levantándote para lamentarte y, de repente, aparece una mano milagrosa. El ibicenco no paró un partido: paró un naufragio.
Y aun así, tras esta orgía de goles, queda una pregunta flotando en el aire: ¿qué ha sido de la fortaleza defensiva del Mallorca? El equipo encaja antes del descanso con la puntualidad de un funcionario y los despistes de la zaga merecen un documental, quizá titulado Cómo no defender en Primera. Con estos números, la salvación será complicada. A no ser, claro, que cada domingo vuelvan a aparecer nuestros dos santos… y que el VAR siga en modo penitencia, compensando aquel penalti surrealista ante el Rayo con otros dos de dudosa inspiración divina.
Diario de Mallorca – Deportes
