El violín de Arda evita el hundimiento del Titanic

No debe ser fácil ponerse a tocar el violín en la cubierta del Titanic mientras este se hunde. El Real Madrid de Arbeloa se hundía este sábado como el transatlántico, tratando de jugar un partido en medio de una tormenta con la grada pitando cada intervención de Vinícius, Bellingham y Valverde, al tiempo que se giraba al palco para pedir la dimisión de Florentino. No era un escenario cómodo para los futbolistas, especialmente para los tres señalados por liderar la revuelta contra Xabi Alonso. Pero la salida de Arda en la segunda mitad le cambió la cara al equipo y el turco, con su violín, puso a bailar a sus compañeros y rescató al Madrid, con la colaboración de Mbappé y Asencio, ante un Levante cándido. No debe ser fácil ponerse a tocar el violín en la cubierta del Titanic mientras este se hunde. El Real Madrid de Arbeloa se hundía este sábado como el transatlántico, tratando de jugar un partido en medio de una tormenta con la grada pitando cada intervención de Vinícius, Bellingham y Valverde, al tiempo que se giraba al palco para pedir la dimisión de Florentino. No era un escenario cómodo para los futbolistas, especialmente para los tres señalados por liderar la revuelta contra Xabi Alonso. Pero la salida de Arda en la segunda mitad le cambió la cara al equipo y el turco, con su violín, puso a bailar a sus compañeros y rescató al Madrid, con la colaboración de Mbappé y Asencio, ante un Levante cándido.  

No debe ser fácil ponerse a tocar el violín en la cubierta del Titanic mientras este se hunde. El Real Madrid de Arbeloa se hundía este sábado como el transatlántico, tratando de jugar un partido en medio de una tormenta con la grada pitando cada intervención de Vinícius, Bellingham y Valverde, al tiempo que se giraba al palco para pedir la dimisión de Florentino. No era un escenario cómodo para los futbolistas, especialmente para los tres señalados por liderar la revuelta contra Xabi Alonso. Pero la salida de Arda en la segunda mitad le cambió la cara al equipo y el turco, con su violín, puso a bailar a sus compañeros y rescató al Madrid, con la colaboración de Mbappé y Asencio, ante un Levante cándido.

En ese río revuelto se plantó un ordenado Levante a pescar. La mañana era fría, no más que el juego de los de Arbeloa, que esta vez no cometió la arrogancia de dejar fuera a ningún jugador y echó mano de todo lo que tenía disponible, alineando incluso a un Mbappé al que horas antes se deba por perdido. Pero tanto da lo que ponga en el césped.

El Madrid es una caricatura, una cuadrilla en fin de semana saliendo a hacer lo que cada uno buenamente pueda cuando le dan la pelota. Huijsen y Carreras juegan acomplejados, Camavinga vive en un ataque permanente de nervios y los pitos del Bernabéu a Vinícius llenan su vaso de impaciencia y ansiedad. A eso se suma que de Bellingham no hay rastro desde hace meses. Cuando el árbitro pitó al descanso, solo se computaban ocasiones granotas. Tres del capitán Pablo Martínez, que no cogieron puerta por poco. La imagen del Madrid era tan triste como la de Arbeloa en la zona técnica con las manos en los bolsillos. El canterano Gonzalo fue el único nombre que coreó la grada tras una amarilla al intentar recuperar un balón. Aplausos baratos en este Real Madrid de saldo.

Bloqueados anímicamente y con una evidente falta de calidad y especialmente de carisma, Arbeloa movió el árbol tirando de Arda y Mastantuono. La salida de los chavales provocó más movimiento sin balón, generó más cosas cerca del área de Ryan. El australiano hizo su primera parada meritoria en el minuto 54 tras un disparo de Arda, que se había asociado con Mbappé. Y segundos después Arda volvía a conectar con el galo que sacaba un penalti ingenuo a Dela tras hacerle una bicicleta. Kylian marcó, descargando de toneladas de presión a sus compañeros, su gol número 30 de la temporada, el décimo de penalti de los once que ha disparado.

Arda había cambiado la cara al equipo, pero Arbeloa quiso ganar tranquilidad teniendo más posesión y sacó a Ceballos por Huijsen, al que le evitó un tormento, tirando atrás a Tchouameni. El Madrid se había activado, afilando el colmillo y llegando más al área de un Levante naif en defensa. Diez minutos después del tanto de Mbappé un córner puesto con música por Guler fue rematado a la red de esplendoroso testarazo por Raúl Asencio. Trámite certificado en la tarde más complicada del Madrid en la segunda etapa de Florentino en la presidencia.

Arbeloa tiene por delante una labor hercúlea. El Madrid que ha heredado no es tan pobre como su juego delata en estos momentos embarazosos, pero ni se acerca al que ganó Champions en los últimos tiempos. Arda y Ceballos dan para el Levante, pero no para el Barça, el Liverpool o el Arsenal. La plantilla está descompensada, el banquillo lo ocupa un entrenador con la L y la grada está vuelta al palco pidiendo la dimisión de su presidente. Esto solo puede solucionar… la pelota.

 Diario de Mallorca – Deportes

Más Noticias