El vestuario del Real Madrid calla ante Arbeloa, «el chivato de Florentino»

El vestuario visitante del Carlos Belmonte parecía un cementerio tras la derrota del Real Madrid. Solo habló Álvaro Arbeloa, que trató de levantar la moral de la plantilla blanca tras ser eliminados de la Copa del Rey ante el Albacete. El técnico salmantino trató de apaciguar los ánimos y asumió la responsabilidad de la eliminación. Aún así, el silencio siguió siendo el denominador común en un vestuario de caras largas y rostros serios. El vestuario visitante del Carlos Belmonte parecía un cementerio tras la derrota del Real Madrid. Solo habló Álvaro Arbeloa, que trató de levantar la moral de la plantilla blanca tras ser eliminados de la Copa del Rey ante el Albacete. El técnico salmantino trató de apaciguar los ánimos y asumió la responsabilidad de la eliminación. Aún así, el silencio siguió siendo el denominador común en un vestuario de caras largas y rostros serios.  

El vestuario visitante del Carlos Belmonte parecía un cementerio tras la derrota del Real Madrid. Solo habló Álvaro Arbeloa, que trató de levantar la moral de la plantilla blanca tras ser eliminados de la Copa del Rey ante el Albacete. El técnico salmantino trató de apaciguar los ánimos y asumió la responsabilidad de la eliminación. Aún así, el silencio siguió siendo el denominador común en un vestuario de caras largas y rostros serios.

Sin embargo, detrás de ese silencio se escondía algo mucho más inquietante. A los jugadores de la primera plantilla del Real Madrid le han recomendado no hablar delante de Álvaro Arbeloa. Ni hablar de Florentino Pérez ni pronunciarse sobre Xabi Alonso ni deslizar ninguna opinión que pueda señalar o culpar a alguien sobre lo que está ocurriendo en el club.

EL PERIÓDICO ha podido hablar con el entorno de tres futbolistas que han confirmado que la recomendación que se ha transmitido a los futbolistas es no hablar delante de Arbeloa de nada concerniente al club. La razón es sencilla, «Arbeloa está puesto por el club y es un hombre de Florentino. Ahora mismo el Real Madrid busca chivos expiatorios y quien se posicione ante los compañeros o empleados puede ser señalado por el club, que quiere soltar lastre en el vestuario». A la pregunta de si Arbeloa es un chivato de Florentino, las respuestas de las tres fuentes era categórica: «Por supuesto». Una de ellas iba más allá: «Hace ocho meses estaba entrenando en el juvenil. Ni en el mejor de los sueños pensaba estar entrenando a la primera plantilla en enero, por más que sea alguien muy ambicioso, por decirlo de forma elegante. ¿El chivato de Florentino? Pues claro».

El vestuario se ha convertido en el primer foco de problemas en un Real Madrid en el que Carlo Ancelotti se marchó cansado de los caprichos de una plantilla aburguesada con el estómago lleno por los títulos ganados en los años previos. La llegada Mbappé desató una lucha de egos en la que entraron Vinícius y Bellingham. El primero lo escenificó al sentarse a negociar su renovación y exigir «ser el mejor pagado de la plantilla» por delante del francés. El segundo se sintió ninguneado después de su gran primera temporada en el Real Madrid.

Si Ancelotti fue víctima de la dejadez del vestuario, a Xabi Alonso le hicieron la cama. Vinícius abrió una guerra en junio, al enterarse que sería suplente ante el París Saint-Germain en la semifinal del Mundial de Clubes. Telefoneó a Florentino y le advirtió que no renovaría porque el nuevo entrenador le mandaba al banquillo. Ese pulso trajo consigo el de Valverde, con un desplante público en Kazajistán, y el de Bellingham, con llamadas al mismísimo Florentino de la madre del jugador. Para cuando Vinícius desafió a Xabi por el cambio en el clásico ante el Barcelona en el Bernabéu, medio vestuario se había amotinado ya al tolosarra.

Ante tal tesitura, Arbeloa ha querido ganarse al vestuario con sus primeras declaraciones. En Albacete, después de caer eliminado en un partido bochornoso del equipo, asumió la culpa y llegó a agradecer a Vinícius su presencia en el Carlos Belmonte: «Ha querido estar aquí y jugar todos los minutos para ayudar al equipo«. Ese «ha querido», levanta sospechas y abre la puerta a la negativa de alguno de los futbolistas que dejó fuera de la lista y que no presentaban ninguna lesión: Courtois, Carreras, Tchouameni o Bellingham.

En cualquier caso, el asunto complica aún más el problema a Arbeloa, de quien no se fían los jugadores. Muchos advertían al conocer el nombre del sucesor de Xabi Alonso, que lo ponía Florentino para tener mano directa sobre el vestuario. Con lo que no contaba seguro Arbeloa es con que sus futbolistas midan sus palabras ante él porque lo consideran «el chivato de Florentino».

 Diario de Mallorca – Deportes

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