Estimado señor, ante todo, permítame decirle que no soy mallorquinista. Pero sí me interesa sobremanera lo que le acontece al Real Mallorca SAD. Por su innegable efecto económico, su «efecto palanca» sobre el fútbol base balear y, de manera muy especial, sobre esos miles de bienintencionados aficionados al fútbol de esta isla. Quienes tienen el rojo y negro como un distintivo más de su personalidad. Son los llamados hinchas, aquellos que desean a su equipo vencedor por encima de muchas otras cosas. Ya lo dice el himno: «el Mallorca és un sentiment». Casi una religión. Como sabe, no tan sólo es exclusivo de España y en el balompié: en su país, deportes como el baloncesto, béisbol o hockey sobre hielo cuentan con legiones de asociaciones de ‘fans’. Aquí son llamadas peñas. Y las peñas mallorquinistas, señor Kohlberg, están tristes. Es más: decepcionadas y, hasta cierto punto, enfadadas. Estimado señor, ante todo, permítame decirle que no soy mallorquinista. Pero sí me interesa sobremanera lo que le acontece al Real Mallorca SAD. Por su innegable efecto económico, su «efecto palanca» sobre el fútbol base balear y, de manera muy especial, sobre esos miles de bienintencionados aficionados al fútbol de esta isla. Quienes tienen el rojo y negro como un distintivo más de su personalidad. Son los llamados hinchas, aquellos que desean a su equipo vencedor por encima de muchas otras cosas. Ya lo dice el himno: «el Mallorca és un sentiment». Casi una religión. Como sabe, no tan sólo es exclusivo de España y en el balompié: en su país, deportes como el baloncesto, béisbol o hockey sobre hielo cuentan con legiones de asociaciones de ‘fans’. Aquí son llamadas peñas. Y las peñas mallorquinistas, señor Kohlberg, están tristes. Es más: decepcionadas y, hasta cierto punto, enfadadas.
Estimado señor, ante todo, permítame decirle que no soy mallorquinista. Pero sí me interesa sobremanera lo que le acontece al Real Mallorca SAD. Por su innegable efecto económico, su «efecto palanca» sobre el fútbol base balear y, de manera muy especial, sobre esos miles de bienintencionados aficionados al fútbol de esta isla. Quienes tienen el rojo y negro como un distintivo más de su personalidad. Son los llamados hinchas, aquellos que desean a su equipo vencedor por encima de muchas otras cosas. Ya lo dice el himno: «el Mallorca és un sentiment». Casi una religión. Como sabe, no tan sólo es exclusivo de España y en el balompié: en su país, deportes como el baloncesto, béisbol o hockey sobre hielo cuentan con legiones de asociaciones de ‘fans’. Aquí son llamadas peñas. Y las peñas mallorquinistas, señor Kohlberg, están tristes. Es más: decepcionadas y, hasta cierto punto, enfadadas.
Usted y sus socios, como propiedad, quedan en parte (digo bien, en parte) excusados de dicho malestar. El desánimo y cierta animadversión va con quien cobra un muy buen sueldo para en teoría sacarle rentabilidad al club. Muy probablemente, buena parte de la razón esté de parte del aficionado: no hay empresa que no dé rendimiento sin una inversión en talento. En el mundo del deporte, «talento» son jugadores de nivel. Y el movimiento peñista observa que, hará dos temporadas, al Mallorca vienen los que ya se cotizan a un precio un tanto rebajado. Gangas, como decimos en España. Profesionales que, o bien están en la última fase de su carrera, o bien aún no han demostrado demasiado. Y con esta filosofía, ni se ganan trofeos ni se puede aspirar a mantener la categoría. Máxime, si la cantera con la que se cuenta juega en la quinta división del fútbol español. Ya lo dijo Johan Cruyff en 1988, cuando aceptó ser entrenador del Barcelona : «el dinero, en el césped y no en el banco». Muy a regañadientes, José Luis Núñez — entonces presidente de la entidad — le hizo caso. Y el Barça fichó en dos años al llamado ‘Dream Team’. Lo mismo entendió un joven Florentino Pérez, quien en tres temporadas reunió a los llamados ‘galácticos’. Quizás de opinable resultado deportivo, pero de una gran utilidad comercial para el club ‘merengue’. Aún se venden camisetas madridistas con los nombres de Zidane, Figo o Beckham, así como camisetas azulgranas con el ‘4’ de Ronald Koeman.
Señor Kohlberg: nadie le pide que haga algo parecido. Tal como está la clasificación, es mejor que ni se lo plantee. Pero sí se le pide que quien esté al mando del Mallorca SAD entienda de fútbol. Y que transmita esa sensación a aquellos que, semana sí, semana también, intentan sacar adelante este barco. Lamentablemente, en estos momentos no se está dando la segunda premisa. Más bien al contrario: se traslada a la opinión pública que se está trabajando para tener un estadio de categoría. También se pone énfasis en un balance económico aceptable. Pero presuntamente, no hay un rumbo definido en cuanto a inversiones deportivas. Ya se vio en la pretemporada, cuando hasta seis jugadores quisieron irse de la plantilla. El ‘caso Dani Rodríguez’ no era más que uno entre muchos: cuando no se ve autoridad – ni dinero fresco en el equipo – los integrantes de las escuadras suelen irse antes de que sea demasiado tarde.
Reaccione, señor. Si no lo hace, puede pasar – de hecho, está pasando – algo muy usual desde que existe la ventana de invierno: que los otros clubes implicados en el descenso – Girona, Oviedo, Llevant, València, Osasuna e incluso Real Sociedad – empleen este enero para intentar mejorar sus guarismos en la segunda vuelta. Con el peligro real de que ello acabe pasando factura al club que usted preside. De hecho, ya lo están haciendo, con incorporaciones a bajo precio que bien podría haber tenido en su mano el Real Mallorca.
Si se opta por no hacer gran cosa excepto el manido cambio de técnico – que quizás puede ser más víctima que culpable de la situación – , es posible que en mayo usted se haga una inquietante pregunta: ¿por qué mantener un campo UEFA si el equipo juega en la categoría de plata, una de las más deficitarias que existen? Muy probablemente, su hombre de confianza en Mallorca se lo podrá responder. Que se sepa, Palma no es Madrid, Barcelona o Múnich. Y Son Moix no puede aspirar al retorno del nuevo Santiago Bernabéu, el Spotify Camp Nou o el Allianz Arena. Un buen problema. Muchas gracias.
Diario de Mallorca – Deportes
