Roberto Leal arrastra a su madre a la aventura más loca en Edimburgo

No hay manual para ser madre, pero hay quien podría escribir varios tomos sobre el arte de no decir que no. Mercedes Guillén, madre de Roberto Leal, se está ganando un sitio de honor en esa categoría gracias a “Nos vamos de madre”, el espacio de Antena 3 que regresa este miércoles con un episodio que va más allá de lo que muchos esperaban de este formato. Edimburgo no parecía, a priori, el lugar ideal para una sacudida emocional, pero la ciudad escocesa ha sido el escenario de una pequeña revolución familiar.

En este segundo programa, el punto de partida es tan improbable como potente: un test de ADN que revela orígenes inesperados. Esa excusa basta para que Roberto arrastre a su madre —con esa mezcla de humor y ternura que ya es marca de la casa— a una nueva gesta. Lo que arranca como una investigación genealógica, acaba convirtiéndose en una prueba de resistencia física, emocional y, sobre todo, generacional.

Porque Mercedes no se rinde. No ante las lanchas rápidas por el río Forth, ni frente al rocódromo indoor más grande de Europa, ni siquiera cuando el vértigo toma forma de montaña rusa alpina. Cada reto es una demostración discreta —pero contundente— de que la vitalidad no tiene fecha de caducidad. Y aunque la propuesta tenga tintes televisivos, lo que transmite va más allá del guion.

 

El formato no es un reality clásico. No hay ni impostación ni espectáculo forzado. Aquí lo que se ofrece es algo tan poco habitual en televisión como una relación madre-hijo narrada sin dramatismos ni ñoñerías. La complicidad es real, y eso, en pantalla, se nota. Roberto conduce, pero Mercedes es la que lleva el motor emocional del programa.

Y por si el torbellino escocés no fuera suficiente, la madre también guarda un as bajo la manga. La sorpresa que le tiene preparada a su hijo funciona como contrapeso narrativo: no solo ella está dispuesta a dejarse sorprender. Ese equilibrio entre el humor, el reto físico y los gestos íntimos es lo que sostiene al programa y lo diferencia de tantos otros.

Con un 12,6% de share y más de un millón de espectadores en su estreno, “Nos vamos de madre” ha demostrado que el público está dispuesto a acompañar a esta pareja en su periplo improbable. La televisión, de vez en cuando, encuentra la forma de conectar con el espectador desde lo auténtico. Y en ese viaje, no hay mayor aventura que la de seguir descubriendo quién es tu madre cuando ya creías saberlo todo.

 El nuevo capítulo del «Nos vamos de madre» sorprende con un viaje que revela más de lo que sus protagonistas imaginaban y confirma que hay quien no tiene freno, ni siquiera a los 70  

No hay manual para ser madre, pero hay quien podría escribir varios tomos sobre el arte de no decir que no. Mercedes Guillén, madre de Roberto Leal, se está ganando un sitio de honor en esa categoría gracias a “Nos vamos de madre”, el espacio de Antena 3 que regresa este miércoles con un episodio que va más allá de lo que muchos esperaban de este formato. Edimburgo no parecía, a priori, el lugar ideal para una sacudida emocional, pero la ciudad escocesa ha sido el escenario de una pequeña revolución familiar.

En este segundo programa, el punto de partida es tan improbable como potente: un test de ADN que revela orígenes inesperados. Esa excusa basta para que Roberto arrastre a su madre —con esa mezcla de humor y ternura que ya es marca de la casa— a una nueva gesta. Lo que arranca como una investigación genealógica, acaba convirtiéndose en una prueba de resistencia física, emocional y, sobre todo, generacional.

Porque Mercedes no se rinde. No ante las lanchas rápidas por el río Forth, ni frente al rocódromo indoor más grande de Europa, ni siquiera cuando el vértigo toma forma de montaña rusa alpina. Cada reto es una demostración discreta —pero contundente— de que la vitalidad no tiene fecha de caducidad. Y aunque la propuesta tenga tintes televisivos, lo que transmite va más allá del guion.

El formato no es un reality clásico. No hay ni impostación ni espectáculo forzado. Aquí lo que se ofrece es algo tan poco habitual en televisión como una relación madre-hijo narrada sin dramatismos ni ñoñerías. La complicidad es real, y eso, en pantalla, se nota. Roberto conduce, pero Mercedes es la que lleva el motor emocional del programa.

Y por si el torbellino escocés no fuera suficiente, la madre también guarda un as bajo la manga. La sorpresa que le tiene preparada a su hijo funciona como contrapeso narrativo: no solo ella está dispuesta a dejarse sorprender. Ese equilibrio entre el humor, el reto físico y los gestos íntimos es lo que sostiene al programa y lo diferencia de tantos otros.

Con un 12,6% de share y más de un millón de espectadores en su estreno, “Nos vamos de madre” ha demostrado que el público está dispuesto a acompañar a esta pareja en su periplo improbable. La televisión, de vez en cuando, encuentra la forma de conectar con el espectador desde lo auténtico. Y en ese viaje, no hay mayor aventura que la de seguir descubriendo quién es tu madre cuando ya creías saberlo todo.

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