El Real Contestí es más que un club

No he conocido a nadie más mallorquín que Miquel Contestí. Por eso fue el hombre que mejor entendió al Real Mallorca, y salió indemne donde fracasaron tantos imitadores. Para hotelero o constructor cualquiera sirve, pruebe a presidir un club de Primera en una isla de Segunda B durante tres lustros consecutivos, sin morir en el intento y sobreviviendo otro tercio de siglo a esta hazaña deportiva. Porque «sigo jugando al fútbol con 81 años, y todavía me llaman presidente». No he conocido a nadie más mallorquín que Miquel Contestí. Por eso fue el hombre que mejor entendió al Real Mallorca, y salió indemne donde fracasaron tantos imitadores. Para hotelero o constructor cualquiera sirve, pruebe a presidir un club de Primera en una isla de Segunda B durante tres lustros consecutivos, sin morir en el intento y sobreviviendo otro tercio de siglo a esta hazaña deportiva. Porque «sigo jugando al fútbol con 81 años, y todavía me llaman presidente».  

No he conocido a nadie más mallorquín que Miquel Contestí. Por eso fue el hombre que mejor entendió al Real Mallorca, y salió indemne donde fracasaron tantos imitadores. Para hotelero o constructor cualquiera sirve, pruebe a presidir un club de Primera en una isla de Segunda B durante tres lustros consecutivos, sin morir en el intento y sobreviviendo otro tercio de siglo a esta hazaña deportiva. Porque «sigo jugando al fútbol con 81 años, y todavía me llaman presidente».

Aunque es imposible distinguir a la persona de su cargo vital y vitalicio, el Real Contestí es más que un club. Cuando el presidente del Mallorca me cogía del brazo, significaba que había llegado la hora de las confidencias propias y de las infidencias ajenas, «porque nunca me he llevado una peseta, por eso el Mallorca quedó como quedó y ahora está como está. Cometí equivocaciones, pero no tengo de qué avergonzarme».

Contestí no solo fue el protagonista absoluto de la actualidad deportiva durante dos décadas, sino el eje de la actualidad mallorquina en cualquier terreno. Por eso mismo notaba que «me tienen aprecio», y los más avispados «me han ofrecido cargos políticos». Desde luego, no se desvió del balón, porque los mallorquines solo sueñan despiertos y se apasionan en frío.

Los abundantes indígenas que fracasaron en el club de sus amores creyeron que el fútbol exigía una locura adicional y postiza, Contestí nunca cometió este error. Administró desde la lógica empresarial, fue un antecesor de Florentino. Encajaba y devolvía los golpes, le llamé «Pilatos» y me noqueó con un «hijo de puta», pero siempre dejaba la puerta entreabierta para explicar la rebelión de Ezaki Badou contra el Mallorca, tras sostener en público que «sé menos que vosotros» de la espantada del marroquí.

Concluido el intercambio de lindezas, volvía a cogerte del brazo, por ejemplo para ofrecer el mejor análisis de la operación de adquisición del Mallorca por sus actuales dueños yanquis. En clave económica, por supuesto. Tras atender a su disertación, no quedaba ninguna duda sobre la lógica del desembarco.

Un mallorquín auténtico puede engañar a otra persona, pero nunca puede engañarse a sí mismo, y esta faceta que en otras etnias sería descarnada hacía irresistible a Contestí. Lo demostró en la conversación más difícil que mantuvimos. Corría 2015, cuando se publicaron sus vínculos con paraísos fiscales. No solo dio la cara, si no que expuso su filosofía. Después de destacar que «nunca saqué dinero de España, lo traje, que no es lo mismo», se extendió en una disertación que hubiera firmado Juan March Ordinas:

«¿Qué son dineros negros? Yo lo llamo dinero negro cuando es el tuyo que administras tú, y blanco es el tuyo que administra el Estado, que va loco por hacerlo».

Se necesita un temple especial para jugarse la vida a un gol, y a Contestí le sobraba. En un homenaje colectivo y clandestino a Ramón Mendoza a bordo de la goleta ‘América’, tuve ocasión de decirle al entonces mandatario madridista que «eres el único presidente que reconocemos». Lo mismo sucede con Contestí, porque es tarde para demostrar que el fútbol brilla más que la política. En este terreno proceloso también hubo una Contestí, de nombre Malena. «Mi padre me votó y es imposible que esté celoso de mí. No le hacía gracia que me metiera en política».

 Diario de Mallorca – Deportes

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